El hijo del chacrero no siempre debe terminar de chacrero

En el Uruguay de nuestros días existe casi la convicción de que no hay niños trabajando, sin embargo, a poco hurguemos un poco más, nos convenceremos que estamos aún lejos de eso. Otra cosa es a la hora de hurgar en el “por qué”.
Es cierto que no existen los casos de niños trabajando en minas o en tareas enmarcados en la construcción, como la fabricación de ladrillos, acarreo de materiales  o similares. En cambio si nos involucramos en el tema es posible que encontremos niños desempeñando tareas en la horticultura, plantación o recolección de frutas y hortalizas principalmente.
También pueden hallarse casos puntuales de niños acompañando a sus padres en la recolección de cartones, plásticos o tareas similares.
Felizmente se trata de casos muy puntuales y cuya existencia hay que admitir que generalmente es efímera, pero necesario conocerla y erradicarla.
Ahora bien, en el ámbito de la granja, donde se da el mayor número de niños trabajando, hay que entender que esta es una cultura que viene de muchos años atrás. Que el niño o la niña, a partir de los 10 años promedialmente, se involucre con el trabajo, es prácticamente “normal”, para las familias de pequeños granjeros. En la recolección de frutillas, por ejemplo, es frecuente observar a toda la familia abocada a la tarea.
Más aún cuando se trata de adolescentes, que tienen como asumido que en determinadas circunstancias deben ayudar a los mayores en las tareas de la chacra.
Este es el tema. Si bien el trabajo infantil no se ve como una tarea pesada para estos niños, hay que entender que su derecho a esta edad es vivir sin trabajar, es el tiempo en que el niño debe jugar, socializarse, fortalecer otras aptitudes y sobre todo educarse en la escuela o el liceo.
Es probable que el niño mismo no sienta estas tareas como un trabajo, porque muchas veces lo disfruta junto a su familia y éste le va disciplinando, dando hábitos de trabajo y responsabilidades. Sin embargo, los adultos tenemos que entender que de esta manera estamos vulnerando sus derechos. Estamos fortaleciendo el círculo de hijo de chacrero, chacrero debe ser, sencillamente porque a la hora de tener que competir con otros adolescentes o jóvenes se encontrará conque no ha tenido las mismas oportunidades, las mismas posibilidades y por lo tanto, será inevitablemente relegado.
De esto se trata. El niño tiene derechos, tanto en la ciudad como en “campaña”  y una democracia que se jacte de dar las mismas posibilidades a todos sus ciudadanos tiene que respetar los derechos del niño, por más que crea que hay tareas que no son pesadas y el niño puede desempeñarlas, es necesario entender que tiene un costo enorme para él, sobre todo en oportunidad de formarse y adquirir conocimientos que le permitan ser en la vida de adulto lo que ellos mismos elijan.
No es admisible que sigan prisioneros del circuito de chacreros, como sus padres, si no es lo que él prefiere y elige voluntariamente.

En el Uruguay de nuestros días existe casi la convicción de que no hay niños trabajando, sin embargo, a poco hurguemos un poco más, nos convenceremos que estamos aún lejos de eso. Otra cosa es a la hora de hurgar en el “por qué”.

Es cierto que no existen los casos de niños trabajando en minas o en tareas enmarcados en la construcción, como la fabricación de ladrillos, acarreo de materiales  o similares. En cambio si nos involucramos en el tema es posible que encontremos niños desempeñando tareas en la horticultura, plantación o recolección de frutas y hortalizas principalmente.

También pueden hallarse casos puntuales de niños acompañando a sus padres en la recolección de cartones, plásticos o tareas similares.

Felizmente se trata de casos muy puntuales y cuya existencia hay que admitir que generalmente es efímera, pero necesario conocerla y erradicarla.

Ahora bien, en el ámbito de la granja, donde se da el mayor número de niños trabajando, hay que entender que esta es una cultura que viene de muchos años atrás. Que el niño o la niña, a partir de los 10 años promedialmente, se involucre con el trabajo, es prácticamente “normal”, para las familias de pequeños granjeros. En la recolección de frutillas, por ejemplo, es frecuente observar a toda la familia abocada a la tarea.

Más aún cuando se trata de adolescentes, que tienen como asumido que en determinadas circunstancias deben ayudar a los mayores en las tareas de la chacra.

Este es el tema. Si bien el trabajo infantil no se ve como una tarea pesada para estos niños, hay que entender que su derecho a esta edad es vivir sin trabajar, es el tiempo en que el niño debe jugar, socializarse, fortalecer otras aptitudes y sobre todo educarse en la escuela o el liceo.

Es probable que el niño mismo no sienta estas tareas como un trabajo, porque muchas veces lo disfruta junto a su familia y éste le va disciplinando, dando hábitos de trabajo y responsabilidades. Sin embargo, los adultos tenemos que entender que de esta manera estamos vulnerando sus derechos. Estamos fortaleciendo el círculo de hijo de chacrero, chacrero debe ser, sencillamente porque a la hora de tener que competir con otros adolescentes o jóvenes se encontrará conque no ha tenido las mismas oportunidades, las mismas posibilidades y por lo tanto, será inevitablemente relegado.

De esto se trata. El niño tiene derechos, tanto en la ciudad como en “campaña”  y una democracia que se jacte de dar las mismas posibilidades a todos sus ciudadanos tiene que respetar los derechos del niño, por más que crea que hay tareas que no son pesadas y el niño puede desempeñarlas, es necesario entender que tiene un costo enorme para él, sobre todo en oportunidad de formarse y adquirir conocimientos que le permitan ser en la vida de adulto lo que ellos mismos elijan.

No es admisible que sigan prisioneros del circuito de chacreros, como sus padres, si no es lo que él prefiere y elige voluntariamente.