El Horror que no queremos ver en Salto

Otra vez jóvenes, otra vez una fiesta, otra vez una matanza y otra vez ciudad Juárez”, señala el corresponsal de diario “Clarín” de Buenos aires  (24/10/2010), al informar un asesinato masivo de los narcotraficantes en México.

La misma metodología – prosigue – y la misma declaración oficial de “enérgica condena” a la matanza de los chicos. Si dos coincidencias marcan una condena, en ciudad Juárez la matanza de jóvenes durante las noches del fin de semana ya es una rutina.

Este viernes, 13 jóvenes murieron y otros 15 quedaron heridos cuando un comando armado irrumpió en una casa de la ciudad fronteriza cuando varios de sus moradores, con edades entre los 16 y los 25 años, bebían y bailaban al ritmo de la música. Se ignoran las causas de la masacre.

La forma de actuar de los narcotraficantes fue la de siempre. A las once de la noche, el grupo de sicarios, que arribó a bordo de dos camionetas de cristales oscuros, se presentó en la fiesta y abrió fuego sin mediar palabra.

Los jóvenes del norte de México hace tiempo que dejaron de ir a las discotecas y las cantinas por temor, pero ahora también los persiguen hasta la casa. En el mes de Enero 15 jóvenes fueron asesinados por un grupo de sicarios mientras celebraban una fiesta en un barrio muy cercano al que se tiñó de sangre ahora. Hace tres meses, en Coahuila, también durante una fiesta, fueron ejecutados 17 jóvenes de entre 20 y los 38 años de edad.

Todavía no se conocen ni los motivos, ni los autores de las tres matanzas y seguramente jamás se conocerán porque, según la Comisión Nacional de DD.HH, el 99 % de los delitos que se cometen en México, quedan impunes. La Justicia tiene pendientes más de 400 mil órdenes de arresto.

Los médicos han pedido a la Policía que vigile las 24 horas los hospitales, donde son trasladados los heridos en casos ligados a los narcos, porque la mayoría de las veces son rematados dentro de las habitaciones.

Sólo entre el cuerpo médico en los dos últimos años, cinco enfermeros han sido asesinados, 15 secuestrados y decenas extorsionados. Los abogados también dieron sus cifras. En el mismo período más de 20 profesionales del derecho fueron ejecutados y los casos, al igual que los de los médicos, siguen impunes.

Si hoy dijéramos que tememos la llegada de situaciones como esta a Salto, seguramente se nos tacharía de exagerados y sensacionalistas…

Sin embargo, no hace muchos años atrás sería impensable que no se pudiera ingresar a algunos barrios salteños o siquiera pasar cerca, sin riesgo de ser asaltados o incluso lastimados.

Los atracos a mano armada, que los había eran “históricos” y los cuatro o cinco que habían surgido en varias décadas, eran rememorados con pelos y señales por la prensa, como hechos absolutamente inusuales.

Hoy no estamos tan lejos y a nadie sorprendería demasiado que sucedieran en Salto. Es que lenta, pero inexorablemente vamos en la misma dirección y no será posible revertirla sin el compromiso y el riesgo correspondiente.

Seguramente que la impunidad delictiva no sería posible si los controles que corresponden se hicieran debidamente, por parte de hombres, probos, responsables y debidamente comprometidos y esto no se alcanza gratuitamente y en ello nos van las condiciones de vida que podemos alcanzar en el futuro.

No lo olvidemos.







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