El lamentable divorcio de posiciones y el escepticismo generalizado

Quienes tienen la capacidad de auscultar la opinión pública, habrán notado que existe hoy un gran escepticismo en relación a los partidos políticos. Una decepción generalizada es que lo que vemos a diario son las discusiones, las desacreditaciones, los “desmentidos” sin mencionar muchas veces las fuentes en que se basan dichas versiones.
Y esto vale para todo el mundo. No somos partidarios posiciones “tibias” o equilibristas, sino de hallar la verdad donde esta se encuentre, por eso entendemos que sólo posiciones sólidas, argumentos valederos y perfectamente comprobados son capaces de obtener una amplia aceptación de la ciudadanía.
Hoy lamentablemente vemos con asiduidad como se sostiene una posición, con mucha fuerza y aparente convicción y casi al mismo tiempo la contraparte sostiene absolutamente lo contrario, con la misma convicción.
En el medio suele quedarse el ciudadano común, el que se queda sin conocer las fuentes en las que se basan las diferentes posiciones. Lamentablemente tampoco el Poder Judicial hoy tiene absoluta credibilidad, fruto de posiciones que han dejado muchas dudas en cuestiones muy caras para la opinión pública.
Lejos, muy lejos han quedado las posibilidades de llegar a bases de opinión compartidas, a la búsqueda de posiciones que traten de hallar el bien común, vale decir el mayor bienestar para los más desfavorecidos y las normas más justas y ecuánimes hacia ellos.
Hoy es factible ver como un legislador nacional o nacional es capaz de pasarse al partido opositor con mucha frecuencia y total facilidad. Cosa absolutamente impensable años atrás, cuando las convicciones eran otras, los hombres eran otros, más sólidos y coherentes, por supuesto.
Hoy la cuestión es sacar el mejor provecho en cada situación y “arrimar agua para su molino”. La ceguera es tal que no se vislumbra siquiera que se está disputando una porción casi insignificante de la voluntad ciudadana, que se siente totalmente dejada de lado. Sea cual sea la posición “ganadora” en cada caso, la ciudadanía se siente muy alejada de ella.
Lo que mucho nos tememos es que el año que viene, año electoral, refleje el gran descontento y escepticismo que existe en la población en nuestros días. Si no estamos equivocados, será una instancia en que el voto en blanco y anulado habrá de reflejar este descontento.
Ojalá nos equivoquemos y haya un cambio rotundo en las posiciones de aquí a allá, pero mucho nos tememos que no sea así.
Si las elecciones nacionales fueran hoy, estamos seguros que la mayoría de la voluntad popular reflejaría una posición de escepticismo.







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