El largo camino cubano

Medio siglo lleva el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. Se trata de una situación que los hechos se han encargado de demostrar que no ha servido ni a uno ni a otro, porque desde hace muchos años no hay avances, ni mucho menos acercamiento, hasta que ha llegado esta apertura que ilusiona por lo menos a toda América.

Estados Unidos sabe que el bloqueo a Cuba es una mancha en su prestigio como “gendarme” del mundo, rol que aún muchos reconocen, pero el bloqueo económico, sólo ha servido para empobrecer económicamente al pueblo cubano, la verdadera víctima de la situación, porque si el propósito, tal como lo  sostenía EE.UU. era “asfixiar” económicamente al gobierno cubano que considera  un régimen dictatorial, es evidente que esta política fracasó rotundamente y en los hechos el pueblo cubano -en su mayoría y no en su totalidad – cada vez que pudo demostrar su voluntad dejó claramente establecido que compartía lo obrado por su gobierno.

Medio siglo de sometimiento a estas penurias es tiempo más que suficiente para evaluar los resultados y sin duda que lo obrado por el actual presidente de los EE.UU. Barack Obama, es una decisión valiente y realista que no hace más que contemplar la realidad de hoy.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas es el primer paso para la normalización de las relaciones entre estas naciones, al que tendrán que seguirle otros, pero también otros actores deberán jugar su rol en esta apertura.

Lo que hoy es motivo de celebración es la reapertura de un relacionamiento que amplía el horizonte de la paz en el continente y muestra el absurdo de dedicar tiempo y recursos a un mecanismo bélico de vigilancia que convulsiona y mutila muchas de las posibilidades de desarrollo que tiene América.

Si bien no se trata de buscar culpables, es una situación que no debió existir nunca.

Seguramente que el resultado final no es el que vislumbraban quienes impulsaron la medida, pero tampoco quienes la padecieron esperaban tantos años de sufrimiento.

Hoy es tiempo de reconstruir, de sembrar y de tender puentes para que América pueda dedicarse a fortalecer su potencialidad en beneficio de su gente.

¡Enhorabuena!

edio siglo lleva el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. Se trata de una situación que los hechos se han encargado de demostrar que no ha servido ni a uno ni a otro, porque desde hace muchos años no hay avances, ni mucho menos acercamiento, hasta que ha llegado esta apertura que ilusiona por lo menos a toda América.
Estados Unidos sabe que el bloqueo a Cuba es una mancha en su prestigio como “gendarme” del mundo, rol que aún muchos reconocen, pero el bloqueo económico, sólo ha servido para empobrecer económicamente al pueblo cubano, la verdadera víctima de la situación, porque si el propósito, tal como lo  sostenía EE.UU. era “asfixiar” económicamente al gobierno cubano que considera  un régimen dictatorial, es evidente que esta política fracasó rotundamente y en los hechos el pueblo cubano -en su mayoría y no en su totalidad – cada vez que pudo demostrar su voluntad dejó claramente establecido que compartía lo obrado por su gobierno.
Medio siglo de sometimiento a estas penurias es tiempo más que suficiente para evaluar los resultados y sin duda que lo obrado por el actual presidente de los EE.UU. Barack Obama, es una decisión valiente y realista que no hace más que contemplar la realidad de hoy.
El restablecimiento de las relaciones diplomáticas es el primer paso para la normalización de las relaciones entre estas naciones, al que tendrán que seguirle otros, pero también otros actores deberán jugar su rol en esta apertura.
Lo que hoy es motivo de celebración es la reapertura de un relacionamiento que amplía el horizonte de la paz en el continente y muestra el absurdo de dedicar tiempo y recursos a un mecanismo bélico de vigilancia que convulsiona y mutila muchas de las posibilidades de desarrollo que tiene América.
Si bien no se trata de buscar culpables, es una situación que no debió existir nunca.
Seguramente que el resultado final no es el que vislumbraban quienes impulsaron la medida, pero tampoco quienes la padecieron esperaban tantos años de sufrimiento.
Hoy es tiempo de reconstruir, de sembrar y de tender puentes para que América pueda dedicarse a fortalecer su potencialidad en beneficio de su gente.
¡Enhorabuena!
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