El lastimoso ninguneo que nos empequeñece

El tratamiento por parte de la Junta Departamental del presupuesto quinquenal del gobierno, nos dejó la amarga sensación de estar ante un órgano que se rige por mezquinos intereses. Para decirlo con todas las letras, propio de una política de baja estofa, donde se priorizan intereses grupales de quienes no son capaces de ver más allá de sus narices, sin pensar que cabe la posibilidad de que en los próximos períodos deban enfrentar situación similar.
No escuchamos argumentación sólida alguna para oponerse a la aspiración de un gobierno de obtener recursos para hacer determinadas obras.
Siempre creímos que la responsabilidad de la oposición consistía en asegurarse que los recursos que se votaran tuvieran el destino comprometido y que no excedieran la capacidad de pago del contribuyente.
Entendemos que la mejor forma de fiscalizar una acción de gobierno es otorgándole lo máximo posible de los recursos que solicita y controlando luego férreamente si los emplea bien o no.
Cuando se niega estos recursos se le está dando la mejor excusa que pudiera tener para justificar luego un incumplimiento, ¿con qué hacer las obras si no nos autorizaron los recursos?
Lamentablemente es lo que notamos en las primeras sesiones en que abrió el debate sobre el tema. Al contrario los argumentos de la oposición se asemejaron más a lo que en la jerga se llama “palos en la rueda”, que a una verdadera, justa y razonable posición política interesada prioritariamente en el bien común, antes que en los intereses personales.
Lamentablemente es una película que venimos viendo desde hace muchos años. Quienes están en la oposición se dedican a entorpecer y dificultar antes que nada las obras que pueda encarar el gobierno de turno, no ya a modificar un presupuesto ni a eliminar algo, sino lisa y llanamente a rechazarlo.
Aquello tan manido de “si le va bien al gobierno departamental le va bien a Salto” y por lo tanto se manifiesta que se habrá de apoyar todo lo que sea positivo para el departamento, queda en “aguas de borrajas”, porque la realidad de los hechos demuestra que lo que se antepone, son los intereses personales, los revanchismos absolutamente irracionales, los intereses partidarios. De los intereses comunitarios ni nos acordamos.
Por el bien y el prestigio de la propia Junta Departamental, esperemos que no sea esta la situación que observemos en esta oportunidad porque nos convierte en una suerte de departamento resentido y egoísta donde lejos de buscarse el bienestar de la mayoría de los pobladores nos dedicamos a conseguir la satisfacción de intereses individuales o grupales.
Es lo que pienso.

Alberto Rodríguez Díaz