El libro base de una comunidad culta y rica intelectualmente

Cuando vemos la cadena humana que se formó en Montevideo, por gente interesada en donar un libro cada uno destinados a las bibliotecas públicas, nos reafirmamos en que hasta el momento el pueblo uruguayo sigue valorando la lectura y sobre todo los libros, aunque quizás aún no encuentre todos los canales necesarios y efectivos para satisfacer estas ansias.
Nadie puede negar la valoración de la lectura entre los uruguayos. Esto no necesariamente significa que los uruguayos leamos más o menos que otros pueblos, pero significa que tenemos claro que la lectura es un elemento esencial en la formación humana y no hay edad para dedicar horas a la lectura, tiempo que no es perdido, porque nunca es tarde para aprender, instruirse y cultivar su cultura.
En nuestro “oficio” de periodistas,  es casi imprescindible haber leído y seguir leyendo, no sólo en cuanto a formación profesional, sino también en cuanto a libros que tienen que ver con la cultura en general.
Quien no haya leído difícilmente podrá llegar a escribir correctamente. Siempre que concurrimos a alguna escuela o centro docente repetimos lo que es una convicción cada vez más firme: si quieren escribir bien, correctamente o llegar a formarse en un oficio o carrera que tenga que ver con las letras: lean, lean y lean. El libro es la puerta de entrada a la formación y el conocimiento cualquiera sea.
La lectura no sólo permite aprender, cultivarse culturalmente, sino también distraerse y hasta divertirse. Pero además quien lee en voz alta va corrigiendo su dicción, perfeccionando su lectura y por lo tanto adquiriendo ventaja a la hora de comunicarse oralmente.
Seguramente que la formación de nuestros jóvenes pasa en buena medida por el tiempo que dediquen a la lectura.
Con alegría vemos que en los últimos tiempos tanto a nivel del Ministerio de Cultura, como de las intendencias departamentales se está prestando mayor atención y apoyo a la lectura y a la difusión de los libros.
Nada mejor para lograr una comunidad culta, bien formada y respetuosa de los valores humanos y culturales de las personas.
Y una comunidad culturalmente bien formada es el mejor aporte que puede hacérsele a la democracia, porque un votante con capacidad suficiente para analizar, discernir y definir luego entre todas las alternativas que se le presentan para conducir el Estado, que es un bien de todos, es lo mejor que podemos hacer si pretendemos tener un país justo, sano, equitativo, con una administración transparente, que todos podamos conocer permanentemente.
El amor a los libros es de los más grandes amores que podamos dar y trasmitir a la comunidad. Felizmente así se lo está asumiendo.

Cuando vemos la cadena humana que se formó en Montevideo, por gente interesada en donar un libro cada uno destinados a las bibliotecas públicas, nos reafirmamos en que hasta el momento el pueblo uruguayo sigue valorando la lectura y sobre todo los libros, aunque quizás aún no encuentre todos los canales necesarios y efectivos para satisfacer estas ansias.

Nadie puede negar la valoración de la lectura entre los uruguayos. Esto no necesariamente significa que los uruguayos leamos más o menos que otros pueblos, pero significa que tenemos claro que la lectura es un elemento esencial en la formación humana y no hay edad para dedicar horas a la lectura, tiempo que no es perdido, porque nunca es tarde para aprender, instruirse y cultivar su cultura.

En nuestro “oficio” de periodistas,  es casi imprescindible haber leído y seguir leyendo, no sólo en cuanto a formación profesional, sino también en cuanto a libros que tienen que ver con la cultura en general.

Quien no haya leído difícilmente podrá llegar a escribir correctamente. Siempre que concurrimos a alguna escuela o centro docente repetimos lo que es una convicción cada vez más firme: si quieren escribir bien, correctamente o llegar a formarse en un oficio o carrera que tenga que ver con las letras: lean, lean y lean. El libro es la puerta de entrada a la formación y el conocimiento cualquiera sea.

La lectura no sólo permite aprender, cultivarse culturalmente, sino también distraerse y hasta divertirse. Pero además quien lee en voz alta va corrigiendo su dicción, perfeccionando su lectura y por lo tanto adquiriendo ventaja a la hora de comunicarse oralmente.

Seguramente que la formación de nuestros jóvenes pasa en buena medida por el tiempo que dediquen a la lectura.

Con alegría vemos que en los últimos tiempos tanto a nivel del Ministerio de Cultura, como de las intendencias departamentales se está prestando mayor atención y apoyo a la lectura y a la difusión de los libros.

Nada mejor para lograr una comunidad culta, bien formada y respetuosa de los valores humanos y culturales de las personas.

Y una comunidad culturalmente bien formada es el mejor aporte que puede hacérsele a la democracia, porque un votante con capacidad suficiente para analizar, discernir y definir luego entre todas las alternativas que se le presentan para conducir el Estado, que es un bien de todos, es lo mejor que podemos hacer si pretendemos tener un país justo, sano, equitativo, con una administración transparente, que todos podamos conocer permanentemente.

El amor a los libros es de los más grandes amores que podamos dar y trasmitir a la comunidad. Felizmente así se lo está asumiendo.

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