El libro, un elemento insustituible

Hoy 26 de mayo se celebra el Día del Libro y por libro sólo entendemos la edición en papel. Pocas reivindicaciones tan acertadas como la de hoy, en que se trata de destacar la vigencia y el enorme valor de la palabra escrita en un soporte de papel.
El desafío de nuestros días para el libro tradicional, es el que representa la palabra escrita en un soporte digital. Más allá de temer las consecuencias que puede llegar a tener una larga exposición diaria frente a las pantallas digitales, es de señalar que para nuestra generación que ya peina canas, nada será capaz de sustituir al libro, vale decir a la palabra escrita en un soporte de papel.
Somos lo que somos y hemos llegado a ser, por lo que nos han enseñado los libros y obviamente también los docentes y la vida misma. Es más aún quienes hoy dominan y prefieren los medios electrónicos, en su gran mayoría se formaron leyendo libros.
Es que el libro es insustituible. Tan imprescindible que no conocemos a ningún buen redactor que no haya pasado por los libros, porque sólo leyendo mucho, observando y criticando lo que otros han escrito es que podemos superarnos y capacitarnos. Sin lugar a dudas que existe gente autodidacta –aunque es la menos – que se formó gracias a su propio esfuerzo, sin requerir el apoyo de maestros, pero seguramente no le ha sido posible prescindir de los libros, porque estos enseñan más que cualquier maestro.
Un maestro sin libro es poco lo que puede trasmitir y menos lograr de sus educandos. Es que el libro no sólo atesora todo lo que significa la palabra escrita, sino que es capaz de guardarlo y preservarlo para trasmitirlo fácilmente a las generaciones futuras.
En cambio los libros que son leídos y entendidos, aún sin el apoyo de maestros, dejan enseñanzas, conocimientos muy valiosos y trasmiten valores que van mucho más allá de quien las ha pronunciado.
Pero quizás lo más valioso que tiene un libro es la posibilidad de compartirlo. Un libro se presta, circula, es parte de su razón de ser mismo y cualquiera que guste de la lectura gusta también de compartir el libro, para luego comentarlo.
Es más, el libro nos invita a soñar, a superarnos y hasta a ingresar al mundo de la fantasía desde los primeros años de la vida.
Con todo respeto, por el momento no me animo a dormir con una tableta debajo de la almohada, pero si con un libro amigo.