El manido tema de la publicidad oficial

El hecho de que casi simultáneamente con la destacada actuación de la atleta compatriota Deborah Rodríguez en los juegos panamericanos que se disputan en Canadá, ANTEL hubiera hecho saber a la delegación que cancelaba el apoyo económico que brindaba como sponsor de dicha delegación, produjo muchos comentarios, varios de ellos adversos a la decisión oficial, sobre todo por el hecho del oportunismo o no conque fue tomada la medida.
Esto determinó incluso que el vicepresidente de la República saliera a aclarar que la medida sería provisoria y la intención es de retomar el apoyo el año próximo.
Pero la cuestión de fondo es otra. Está en juego el criterio conque se distribuye muchas veces la publicidad oficial en el país, en qué medios se lo hace, cuanta necesidad hay de hacerla, por qué monto y demás.
Seguramente el apoyo a las delegaciones deportivas es de las decisiones menos polémicas. En cambio algunas otras decisiones que tienen que ver con el apoyo que se hace a diferentes medios de comunicación, sin el más mínimo justificativo técnico resulta mucho más cuestionable.
Si revisamos debidamente la publicidad estatal, tanto a nivel nacional como departamental nos encontraremos con casos muy particulares. En cuanto a los medios, la gran tajada se la lleva la televisión capitalina, debido a que se considera el medio más efectivo, más visto y con mayor llegada a nivel país, aunque seguramente estos factores no se dan en todos los casos y en todas las situaciones.
Pero además hay empresas monopólicas e incluso en algunos casos, órganos deliberativos del gobierno haciendo publicidad inexplicablemente y sin otro motivo que colaborar con órganos de difusión o programas en estos, que han sido elegidos arbitrariamente y los textos difundidos así lo prueban.
Más que mal uso son abusos de funciones que deberían ser no sólo erradicados, sino también sometidos a la responsabilidad penal que corresponda, porque esos dineros provienen del pueblo y somos los ciudadanos los que debemos pagarlos.
No es posible que se gaste “alegremente” repartiendo dinero entre amigos y gente de nuestro entorno, aún cuando no corresponda, porque se trata de dinero público y luego la ciudadanía tenga que asumir las deudas sí o sí, mientras quienes los gastaron y derrocharon repartiéndolo entre los suyos miran y ríen cómo los demás tenemos que pagar sus deudas.
Al pan, pan y al vino, vino.







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