El mejor antídoto es un lector maduro

Días atrás en estas mismas columnas dábamos cuenta de la presunta existencia de un PDF falso que ha circulado en las redes sociales y en el que atribuyéndolo al autor del libro “Luis Lacalle Pou. Un rebelde camino al poder”, afirma que es autor del homicidio culposo de una mujer a quien habría matado en un accidente de tránsito.
Lacalle Pou ha salido a denunciar este hecho, en el que se lo acusa de haber cometido un delito y luego de denunciarlo ante “Delitos Complejos” ha sostenido públicamente la falsedad y mala intención de esta acción que atribuye a no sólo alguien con mala intención, sino que según expresa teme que esté orquestado por gente mucho más preparada capaz de publicar algo y haciendo muy dificultoso su rastreo.
No dudamos que esto haya sido así. Como tampoco tenemos dudas que si se prueba suficientemente de donde provino esta acción malvada, sus impulsores, lejos de beneficiar a quien denostaron habrán de beneficiarlo, porque el ciudadano no es tonto.
¿Cuál es la mejor forma de luchar contra estas acciones? Sin lugar a dudas que es la preparación y la debida madurez de los lectores para que sepan distinguir entre una falsa noticia y una noticia bien fundamentada, auténtica, con fuentes claras y debidamente identificadas.
Esta máxima la hemos hecho pública en muchas ocasiones, pero lamentablemente se sigue ignorando. Nada mejor que un lector maduro e inteligente para que sepa cuando está ante una noticia auténtica y cuando se lo está embaucando.
Lo más lamentable es que quien pretende embaucarlo lo considera tonto, fácil de engañar y terriblemente desinformado, cosa que obviamente a nadie le gusta.
Cuando repetimos o “retuiteamos” una información falsa lamentablemente estamos dando esta imagen y obrando como realmente nos consideran los autores de estas malvadas acciones.
Por lo tanto se hace necesario confirmar debidamente lo que decimos, lo que repetimos, porque cabe la posibilidad que nos prestemos sin quererlo a lo que esperan ellos.
Quienes no están habituados a desempeñarse en el mundo de las comunicaciones, quienes no ponen en práctica las formas de determinar si se está ante una falsa noticia, totalmente tendenciosa o ante una auténtica información, son los que corren el mayor riesgo.
Por supuesto que en ellos la inmediatez de la información, el deseo de ”saber más que sus interlocutores” puede ser contraproducente.
A.R.D.