Bueno, pero efímero

El fútbol es en nuestro país el deporte por excelencia, aunque muchas veces no parezca deporte, precisamente. Es que el fútbol mueve pasiones y como tal éstas muchas veces se desbordan y cuando esto sucede todo vale.

Ha sido contaminado de violentos, de narcotraficantes y hasta de homicidas. No estamos tratando de identificar responsables de haber llegado a estas situaciones, que los hay. En esta ocasión nos interesan otras facetas.
Lo que destacamos hoy en estas columnas es a su vez el enorme poder que tiene el deporte y el fútbol en particular para mover las ¨masas¨ populares y
la enorme incidencia que tienen los triunfos en el estado anímico del pueblo.
Recordamos perfectamente cuando en los años de dictadura, horas antes de una justa deportiva en que jugaba ¨la celeste¨ se conocían medidas económicas o decisiones de otro tipo que en estas circunstancias quedaban eclipsadas debido a que la población estaba concentrada en otro tema.
Es evidente que también el poder político ha descubierto y tratado de sacar provecho de estas circunstancias.
Hoy estamos festejando nuestra concurrencia al próximo torneo mundial y más allá de la euforia popular, que no sabe de análisis, de razonamientos, sino que se guía sustancialmente por la pasión, más allá de ubicarnos en nuestras verdaderas posibilidades y sería muy importante aprovechar estas instancias para unirnos más, para dejar de lado pequeñas asperezas y motivos generalmente nimios que sin embargo nos distancian y son causas frecuentes de divisiones y de enfrentamientos que no deberían producirse.
Cuando se viven estas circunstancias nos hacen soñar con un país unido, con un pueblo maduro, capaz de debatir, de discutir con la suficiente altura que requieren los temas, pero sin dejar de lado los motivos que nos unen y que nos hacen sentir unidos.
Los triunfos deportivos son efímeros, así como se dan se escapan y depende del momento y las circunstancias para determinar si son triunfos o derrotas.
Recordamos en este sentido cuando en México 1970, Uruguay jugaba la semifinal frente a Brasil y se puso en ventaja con gol de Luis Cubilla, luego terminó perdiendo 3 a 1 con una gran actuación de Pelé en Brasil.
Al regresar al país, aquella selección lo hizo sin pena ni gloria. Fue más parecido a la llegada de una selección derrotada que a una triunfadora. Había logrado el cuarto puesto.
Sin embargo cuando se volvió de Sudáfrica en 2010, fue un regreso triunfal. El pueblo salió a la calle a recibir a los celestes. Había logrado el cuarto puesto.
Esto nos da idea de lo efímero y circunstancial del deporte. Ojalá sepamos ponerlo en el lugar que le corresponde y sacarle el mejor provecho.
A.R.D.