El mercado individualista no puede seguir determinando nuestros días

Todavía recordamos décadas atrás, cuando nuestros años de niño, las mantas y frazadas eran de lana, las frutas y verduras tenían un aroma inconfundible. El calzado hecho a mano por artesanos uruguayos y de una marca famosa en el mundo, ostentaba una calidad innegable. Hasta existía el infaltable piolín para las “pandorgas” de nuestros días.
Hoy es la era del plástico, muchas partes del calzado son de plástico, también lo son las telas y textiles y hasta el hilo para las pandorgas (que en otros lados les llaman cometas), ya no vienen más que de plástico, este es el rey del mercado, de la fruta y verdura bonita, pero sin aroma y con muy poco sabor.
Los textiles e incluso el mercado de la vestimenta y el calzado está dominado por las industrias asiáticas.
No se puede ignorar que no todo son desventajas, porque también supone algunos beneficios, como la innegable disminución del precio de venta al público.
Pero lo más lamentable de todo es que ya el compromiso social, la solidaridad, la vida comunitaria es observada con recelo y relegada a un segundo plano, para casos especiales o circunstancias en que los grandes medios masivos determinan qué debemos hacer.
Hoy vivimos en una sociedad hedonista, donde la motivación que mueve el mundo es la búsqueda del placer, ya sea mediante el dinero, la fama, el sexo y el materialismo en general.
La premisa es “hacé la tuya” (aunque los demás “revienten”), cuando concedemos un préstamo, cuando convenimos en alquilar un inmueble, la motivación es saber cuánto es el máximo que podemos obtener y ayudados por un mercado totalmente insensible, que se rige por estas reglas, tratamos de asegurarnos esto.
Aquello que elimina mano de obra uruguaya a nadie parece interesar. Obviamente que esta política va dejando “el tendal” de afectados, de personas sin vivienda, endeudadas, angustiadas, que lógicamente están pensando en la mejor forma de obtener recursos y el “hacé la tuya es una tentación”.
Lo más triste, es ver cómo cuando se cree que se dan las circunstancias,en ocasión de tornado, de un corte de energía o de un saqueo masivo, muchas personas que consideramos justas y “honestas”, caen en la tentación de llevarse algo usurpado, que no es suyo, sin importar a quién está perjudicando.
Es la triste realidad. Quien no “aprovecha” estas ocasiones es considerado un “sonso” o ingenuo. Lamentablemente es lo que vemos, lo que dejamos y lo que han logrado imponer los grandes intereses, esos que ni siquiera conocemos.







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