El necesario cambio de conducta

ías atrás, el columnista del programa televisivo “Buscadores”, de Televisión Nacional, Antonio Maeso, contó como estando de paseo por Yugoslavía, el grupo que se desplazaba en una “combi”, vio que al lado de la ruta en las “cunetas” de la banquina había higueras, cargadas de frutos.
Algunos de ellos se bajaron para tomar algunos frutos que se veían maduros y apetitosos. Nunca esperaron la respuesta de algunos lugareños que vieron la acción. La emprendieron a pedradas contra ellos.
¿Cuál es la explicación de esto?.
En muchas naciones, evidentemente con otro nivel cultural muy distinto al nuestro, la naturaleza se cuida, se protege y se aprovecha, ordenadamente por parte de la comunidad.
No se plantan para que de frutos y el primero que pase se los lleve cuantos quiera y como quiera.
Hemos dicho en estas columnas, que estando años atrás, en Tanzania, Africa, nos llamó poderosamente la atención ver los maizales plantados no ya en las banquinas, sino en lo que aquí serían las veredas.
A pesar de tratarse de un pueblo sumamente empobrecido, nadie toca y a nadie se le ocurriría, por ejemplo, recoger las mazorcas para llevárselas o venderlas.
“Pertenece a la comunidad y es la comunidad la que administra estas plantaciones comunitarias”, nos explicaron.
Fue inevitable pensar qué pasaría en nuestro suelo, si a alguien se le ocurriera plantar los sitios baldíos o las banquinas tan amplias y generalmente de tierras fértiles desaprovechadas.
Podríamos asegurar que no durarían ni siquiera días las plantas. Hemos visto como algunas plantas de zapallo u otras variedades hortícolas que nacen porque la madre tierra es tan generosa en algunos de estos sitios, son dañadas o destruidas por el simple afán de hacerlo, no ya de robarlas o de sacar provecho para sí.
Los uruguayos muchas veces nos consideramos gente de mucha cultura, con conciencia urbanística, sin embargo la realidad muestra otra cosa, que todavía hay mucha gente que obra muy distinto. Si así fuera no tiraríamos un solo papel en la calle, mucho menos otros residuos, botellas, pañales, etc, que acostumbramos dejar en el primer lugar que encontramos, a lo sumo cuando no nos ven.
Es bueno aprender de estos ejemplos, no para salir a plantar a diestra y siniestra, sino para aprender a valorar los bienes comunitarios de la forma que corresponde.
Hay mucho por hacer y seguramente un camino muy interesante por recorrer, si logramos el cambio de conducta necesario para ello.
De una cosa estamos seguros: ¡se puede!.