El negocio de la guerra

La guerra ha sido y es el mejor y más lucrativo “negocio” para los comerciantes inescrupulosos.

Incluso en nombre de “la paz”, se fabrican y venden armas realmente mortíferas y los pueblos gastan lo que no tienen para comprarlas.

Estos gastos a la larga son costeados por los pueblos que ven comprometido su territorio o sus recursos naturales para hacer frente a estas deudas.

Se ha señalado que el gasto de la humanidad en armamentismo, serviría para combatir el hambre y la pobreza  de millones de personas que precisamente suelen ser las primeras víctimas de las guerras.

Las cifras conocidas aseguran que el promedio del gasto en armamentismo de los gobiernos actualmente es ocho veces superior al dinero que se gasta en viviendas.

Las pruebas de las sofisticadas armas nucleares que se fabrican hoy día, suelen hacerse en el espacio o en el mundo submarino, no para que no dañe, sino para que se vea a simple vista el daño que estas pruebas provocan en la naturaleza.

Se afirma que en el mundo se gasta en armas unos 900.000 millones de dólares al año, lo que indica que la importancia atribuida por los gobiernos al poderío militar se ha multiplicado al menos por 15 (respecto a la década de los 30).

En comparación con el desarrollo demográfico y económico, el crecimiento de los gastos militares es serio. La brusca subida del gasto supera ampliamente en 2,6 veces el incremento de la población mundial a partir de la década de 1930. El crecimiento del gasto militar en comparación con el de la economía mundial es más difícil de documentar estadísticamente, pero se puede observar que EE.UU., que fue el mayor inversor militar en los primeros años 30 y lo sigue siendo en la actualidad, dedicaba en aquel entonces el 1% de su PNB al presupuesto militar y ahora invierte en éste más del 6% de su producto económico, que es mucho más elevado que en dicha época.

En términos de ingresos y gastos el drenaje militar es enorme: en la actualidad, entre 15 y 20 de cada 100 dólares gastados por los gobiernos centrales se destinan a fines militares: el triple de los presupuestos de enseñanza y ocho veces los de vivienda.

Para fines militares, los gobiernos invierten ahora un promedio de 36.000 dólares por año, treinta veces más de lo que invierten en la enseñanza de un niño que asiste a una escuela.

Claro está, cuando se comenta sobre las guerras, se suele hablar y mostrar “el horror” de la guerra, lo que nadie niega, se busca una culpable que “justifique” el empleo de las armas, jamás se habla de lo que hay detrás, de quienes realmente promueven las guerras y lucran con ellas.

Debería de saberse, para no quedarse sólo con lo que se ve “a flor de agua”.







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