El paso inicial es acertado

Que el texto del anteproyecto de ley de urgencia haya sido puesto a disposición de toda la ciudadanía casi al mismo tiempo que lo conocieron los legisladores de la electa coalición que habrá de asumir el mes próximo es un acierto y lo compartimos.

Que se haya insistido que se trata de un anteproyecto abierto y sus impulsores estén dispuestos a escuchar a todos quienes tengan algo para sugerir, modificar o suprimir es seguramente otro acierto.
Obviamente que cuando esto decimos no estamos pronunciándonos sobre el contenido que aún no hemos leído en profundidad, sino con respecto al sistema elegido, la propuesta, en una palabra el continente y no el contenido.
Sabemos que el extenso texto se pronuncia y sugiere medidas en relación a los problemas más candentes que afligen a los uruguayos. Entre éstos: seguridad, educación, trabajo, vivienda, medio ambiente.
Seguramente luego vendrá la discusión, los diferentes enfoques y el tiempo de las discrepancias, pero eso también es positivo para la democracia, si se hace con el debido respeto.
No se trata de imponer, sino de exponer y los argumentos más sólidos deben ser capaces de convencer a todas las personas capaces de razonar. En pocas palabras no se trata de imponer “la razón de la fuerza”, sino de convencer con “la fuerza de la razón”.
Cuando las posiciones ideológicas “copan” la discusión, esta se vuelve un diálogo de sordos y esto marca inexorablemente el final del diálogo, de la apertura y del razonamiento, para dar paso a posiciones necias, testarudas y soberbias que en el ambiente parlamentario se conoce como las “manos de yeso”, cuando se vota por “disciplina” política y se deja de lado la razón. Nada bien le hace a una democracia precisamente.
Uruguay es un país altamente politizado, seguramente no más que otros países de la región, pero no por eso debe mostrarse como una ciudadanía testaruda, incapaz de analizar y de ver más allá de lo que se muestra o presume por parte de los lideres u otras personas que tienen sus intereses.
Es en estos momentos en que se deben limar asperezas, encontrarse todos los ciudadanos capaces de analizar, de ver más allá de sus narices, para hallar el mejor camino para lograr lo que de alguna manera todos queremos.
Tener un país en el que todos podamos vivir mejor, que haya paz, tranquilidad, trabajo y buenas perspectivas para todos es lo que anhelamos. En cuanto admitamos que este es el objetivo más preciado para todos, seguramente hallaremos los caminos para lograrlos.

A.R.D