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El precio es importante pero no es lo esencial

Cada año unos 1.200 millones de bolsas de plástico se incorporan al mercado local y cada uruguayo usa por unos minutos, alrededor de 400 bolsas al año, según el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.
La Cámara de Senadores aprobó por unanimidad una medida que obligará a todos los comercios del país a cobrar por las bolsas de plástico un precio que será establecido por la reglamentación del Poder Ejecutivo.
Pero de todas formas, con ser importante el precio no es lo esencial, como tampoco lo es la recaudación. No se trata de amontonar mediante esta medida un montón de dinero, sino de evitar un daño que se va acumulando día a día en el medio ambiente.
Si el precio que se cobra por las bolsas es demasiado bajo, obviamente que no incidirá demasiado en la voluntad del consumidor de llevarse o no una bolsa. Es que en la mayoría de los casos las bolsas se adquieren por comodidad y por este motivo muchas personas están dispuestas a pagar por esto si el precio es casi insignificante como sucede actualmente.
En cambio si el precio fuera mayor seguramente quien acostumbra a llevarse cuatro, cinco o más bolsas, tendrá un costo importante.
De todas formas existen aspectos pocos claros o muy poco definidos que mucho nos tememos se presten para evadir la medida. Es así que se exoneran de la obligación de cobrar las bolsas a aquellas que sirvan para transportar leche, carne, rutas y verduras.
Se supone que para fiscalizar esta disposición habrá inspectores u otros funcionarios que tendrán esta misión.
Más allá que Uruguay no es el primer país de América que establece esta obligación, el daño que se hace mediante el abuso en la utilización de los plásticos no degradables es tremendo.
La medida en nuestro país llega bastante tarde, cuando el daño ya está hecho y en buena medida ni siquiera ha sido evaluado. De todas formas más vale tarde que nunca, y entendemos que lo que se recaude por gravar las bolsas que se sigan vendiendo para el uso autorizado, debe de destinarse a la tarea de recolección de las bolsas que han quedado desparramadas por doquier o incluso colgadas en los árboles.
Esta seguramente no es tarea fácil, incluso en los vertederos a cielo abierto que mantiene la mayoría de las intendencias cuya imagen es precisamente dada por la proliferación de las bolsas de nylon semienterradas o llevadas por el viento. Allí “se esconde” el problema, pero tampoco se le ha dado solución aceptable.
A.R.D.