El problema de la basura

Muchas veces nos hemos ocupado en estas columnas del tema la basura de la ciudad.
Sin lugar a dudas que es uno de los problemas más graves que tiene cualquier urbe, no porque la afectación a la vida humana sea inmediata, sino porque según el destino final que se le dé y la forma en que se realice el mismo, el problema no sólo pasa a ser grave, sino grande y llega el momento en que puede ser irreversible.
Con ser la parte más visible de este tema, la gestión de los residuos domiciliarios se llevan las mayores acusaciones y vaya si se trata de algo mal manejado. Que sepamos sólo una ínfima parte de los mismos se está reciclando, se está recuperando y obviamente que no de la mejor forma.
El objetivo hoy es sacarla de la vista pública, al punto que hasta se ha prohibido las visitas al basurero municipal, seguramente porque de poderse mostrar el destino final que se da la basura de la ciudad cualquier salteño más o menos consciente, se espantaría.
Muchos años hace que los vecinos del arroyo San Antonio, uno de cuyos brazos pasa cerca del resumidero municipal, se quejan no sólo de la contaminación, sino de los olores nauseabundos, de la aparición de ratas y otras alimañas y de la destrucción total de las condiciones de la naturaleza en la zona.
Pero con ser uno de los aspectos lamentables de la cuestión, no es todo. La basura electrónica, vale decir los restos de celulares, computadoras, televisores, pantallas, las pilas y demás superan largamente el daño que causan en la naturaleza las bolsitas de nylon, los neumáticos en desuso y otros, que ya es bastante preocupante porque no son biodegradables fácilmente y por lo tanto permanecen allí donde se los deposite, durante miles de años.
Sabemos que no se trata de un tema fácil, porque al menos en los residuos domiciliarios gran parte de la culpa nos corresponde a los pobladores. Es que para cambiar así sea un poco las cosas, tendríamos que mostrar un cambio cultural, una mayor responsabilidad social, un compromiso con la naturaleza y el planeta, todas cosas absolutamente impensables por ahora.
Como principio quieren las cosas, entendemos que deberíamos comenzar por la clasificación, vale decir, por diferenciar los residuos orgánicos, de los inorgánicos, los vidrios, los plásticos y otros. La Intendencia debería de proporcionar bolsas reciclables de distintos colores según los fines (hasta el momento hemos sabido que sólo las proporciona en caso de industrias y grandes consumidores), pero esta medida debería de alcanzar también a los domicilios de todos los usuarios.
Mientras no asumamos la dimensión del problema seguiremos pudriendo y destruyendo la casa de nuestros descendientes…
A.R.D.







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