El problema tiene muchas ramificaciones

Entre las instituciones que tienen mayores problemas con el tema de la violencia doméstica, está paradojalmente en primer plano la que tiene por misión cumplir un rol esencial para evitar las consecuencias del tema.
En el ámbito policial se da un alto porcentaje de casos de violencia doméstica, aunque muchos de ellos, probablemente la mayoría, no llega a denunciarse.
Pero esta no es una situación sólo de nuestro país, sino que la misma se da en todos lados. Recordamos que días atrás, en una provincia argentina, una joven mujer llegó hasta la dependencia policial especializada en el tratamiento de este tema para denunciar a su esposo, por violencia doméstica.
Estaba haciendo la denuncia, cuando arribó su esposo, que se desempeñaba en la misma comisaría y sin mediar palabras la asesinó ante la funcionaria que observó perpleja e impotente, el desenlace de la acción. El policía se retiró del lugar portando su arma de reglamento y fue detenido horas después en un bar.
Salvando las diferencias, aquí se han producido casos muy similares. Hombres que han estado denunciados, con prohibición de acercamiento y demás son generalmente los que terminan asesinando a su pareja.
Dentro del ámbito policial, los oficiales y policías que han sido preparados y formados para atender esta problemática, frecuentemente terminan pidiendo pase para otra dependencia. Es que dentro de la carrera, lo que pueda hacerse en materia de prevención de la violencia doméstica “no prestigia”, es como un servicio de segunda y por lo tanto, estos policías están casi obligados a saltar hacia otro lado si quieren hacer carrera en la policía.
Esto demuestra inequívocamente que estamos fracasando en toda la línea en lo que tiene que ver con el trato que se le da a la violencia doméstica.
Mal que nos pese existe una educación machista, diríamos casi desde la cuna mismo, cuando le decimos a las niñas que no anden a los golpes, que sean “delicadas”, que no se metan en riñas, porque sería “escandaloso”, pero no consideramos de la misma forma, si el que se involucra en una riña o trata de arreglar las diferencias que pueda tener a los golpes es un varón. Es más, muchas veces somos nosotros mismos los que los exhortamos a arreglar sus diferencias a “lo hombre”, es decir a los golpes.
Desde allí arranca el problema. Este es el concepto prevalente, el hombre es “mas hombre” si es capaz de imponer o manejar a los golpes y violentamente a sus semejantes.
En cambio la mujer que reacciona violentamente es generalmente mal vista porque la sociedad está cimentada sobre estos conceptos.
Allí comienza el problema.

Entre las instituciones que tienen mayores problemas con el tema de la violencia doméstica, está paradojalmente en primer plano la que tiene por misión cumplir un rol esencial para evitar las consecuencias del tema.

En el ámbito policial se da un alto porcentaje de casos de violencia doméstica, aunque muchos de ellos, probablemente la mayoría, no llega a denunciarse.

Pero esta no es una situación sólo de nuestro país, sino que la misma se da en todos lados. Recordamos que días atrás, en una provincia argentina, una joven mujer llegó hasta la dependencia policial especializada en el tratamiento de este tema para denunciar a su esposo, por violencia doméstica.

Estaba haciendo la denuncia, cuando arribó su esposo, que se desempeñaba en la misma comisaría y sin mediar palabras la asesinó ante la funcionaria que observó perpleja e impotente, el desenlace de la acción. El policía se retiró del lugar portando su arma de reglamento y fue detenido horas después en un bar.

Salvando las diferencias, aquí se han producido casos muy similares. Hombres que han estado denunciados, con prohibición de acercamiento y demás son generalmente los que terminan asesinando a su pareja.

Dentro del ámbito policial, los oficiales y policías que han sido preparados y formados para atender esta problemática, frecuentemente terminan pidiendo pase para otra dependencia. Es que dentro de la carrera, lo que pueda hacerse en materia de prevención de la violencia doméstica “no prestigia”, es como un servicio de segunda y por lo tanto, estos policías están casi obligados a saltar hacia otro lado si quieren hacer carrera en la policía.

Esto demuestra inequívocamente que estamos fracasando en toda la línea en lo que tiene que ver con el trato que se le da a la violencia doméstica.

Mal que nos pese existe una educación machista, diríamos casi desde la cuna mismo, cuando le decimos a las niñas que no anden a los golpes, que sean “delicadas”, que no se metan en riñas, porque sería “escandaloso”, pero no consideramos de la misma forma, si el que se involucra en una riña o trata de arreglar las diferencias que pueda tener a los golpes es un varón. Es más, muchas veces somos nosotros mismos los que los exhortamos a arreglar sus diferencias a “lo hombre”, es decir a los golpes.

Desde allí arranca el problema. Este es el concepto prevalente, el hombre es “mas hombre” si es capaz de imponer o manejar a los golpes y violentamente a sus semejantes.

En cambio la mujer que reacciona violentamente es generalmente mal vista porque la sociedad está cimentada sobre estos conceptos.

Allí comienza el problema.







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