El punto de partida

Dentro de las prioridades determinadas por el gobierno electo, se cuenta la de potenciar y vigorizar la política de creación y funcionamiento de los Centros para la Atención a la Infancia y la Familia (CAIF).
Sin duda que esta prioridad es oportuna, en cuanto a que sólo si nos ocupamos del niño cuyo hogar tiene dificultades para su atención, aún cuando se trate de dificultades “normales” porque sus cónyuges desempeñan una actividad laboral, podemos esperar generaciones con “otra cabeza” para el futuro, generaciones con valores, con una buena formación.
Hoy por justicia social el Estado debe tender una mano a aquellas familias que se ven complicadas en este aspecto. Mucho más si tenemos presente que hay un alto número de familias monoparentales (de un sólo cónyuge) en las que la contribución del CAIF pasa a ser determinante en la atención del niño.
Felizmente parece haberse entendido que este es el punto de partida correcto.
Si no nos ocupamos del niño desde su más temprana edad, nada podemos esperar luego.
No sólo que lo habremos dejado a su suerte, esto es a la calle o a ambientes nada recomendables para los chicos.
Es más, es sabido y las estadísticas del propio INAU así lo confirman, que un alto número de violaciones a los niños se registran en ámbitos familiares, es decir por parte de personas que tienen algún grado de parentesco con el niño.
Pero no se trata sólo de este riesgo, sino que habitualmente nos encontramos con hijos de padres que están procesados, muchas veces encarcelados, y los pequeños se crían sólos o con el restante cónyuge que muchas veces tiene otra pareja. En los hechos ese niño pasa a ser prácticamente abandonado y se vuelca al mismo camino delictivo que lo rodea.
Podrá creerse que exageramos en alguna medida, pero no lo hacemos para nada.
Esta es la triste realidad.
Ocuparse de la infancia desde los primeros meses de vida es una necesidad imperiosa. Pero ocuparse significa tomar el tema en toda su dimensión y no sólo parcialmente. Este es el punto de partida, que necesariamente debe comprender luego los pasos restantes. Nadie puede sustituir plenamente la familia biológica, sobre todo cuando ésta se ha roto, pero existen formas de contención adecuadas que pueden llegar a darle al niño el afecto mínimo al menos que necesita para crecer y desarrollarse como una persona de bien.
Esto, en alguna medida es responsabilidad de todos, porque árbol que crece derechito difícilmente se tuerce, pero si se tuerce desde abajo es muy difícil enderezarlo.
¡Ojalá así se lo haya entendido!

Dentro de las prioridades determinadas por el gobierno electo, se cuenta la de potenciar y vigorizar la política de creación y funcionamiento de los Centros para la Atención a la Infancia y la Familia (CAIF).

Sin duda que esta prioridad es oportuna, en cuanto a que sólo si nos ocupamos del niño cuyo hogar tiene dificultades para su atención, aún cuando se trate de dificultades “normales” porque sus cónyuges desempeñan una actividad laboral, podemos esperar generaciones con “otra cabeza” para el futuro, generaciones con valores, con una buena formación.

Hoy por justicia social el Estado debe tender una mano a aquellas familias que se ven complicadas en este aspecto. Mucho más si tenemos presente que hay un alto número de familias monoparentales (de un sólo cónyuge) en las que la contribución del CAIF pasa a ser determinante en la atención del niño.

Felizmente parece haberse entendido que este es el punto de partida correcto.

Si no nos ocupamos del niño desde su más temprana edad, nada podemos esperar luego.

No sólo que lo habremos dejado a su suerte, esto es a la calle o a ambientes nada recomendables para los chicos.

Es más, es sabido y las estadísticas del propio INAU así lo confirman, que un alto número de violaciones a los niños se registran en ámbitos familiares, es decir por parte de personas que tienen algún grado de parentesco con el niño.

Pero no se trata sólo de este riesgo, sino que habitualmente nos encontramos con hijos de padres que están procesados, muchas veces encarcelados, y los pequeños se crían sólos o con el restante cónyuge que muchas veces tiene otra pareja. En los hechos ese niño pasa a ser prácticamente abandonado y se vuelca al mismo camino delictivo que lo rodea.

Podrá creerse que exageramos en alguna medida, pero no lo hacemos para nada.

Esta es la triste realidad.

Ocuparse de la infancia desde los primeros meses de vida es una necesidad imperiosa. Pero ocuparse significa tomar el tema en toda su dimensión y no sólo parcialmente. Este es el punto de partida, que necesariamente debe comprender luego los pasos restantes. Nadie puede sustituir plenamente la familia biológica, sobre todo cuando ésta se ha roto, pero existen formas de contención adecuadas que pueden llegar a darle al niño el afecto mínimo al menos que necesita para crecer y desarrollarse como una persona de bien.

Esto, en alguna medida es responsabilidad de todos, porque árbol que crece derechito difícilmente se tuerce, pero si se tuerce desde abajo es muy difícil enderezarlo.

¡Ojalá así se lo haya entendido!