El retroceso se acentúa

CCuando enfocamos este tema sabemos que despertamos muchas reacciones adversas. Es más, seguramente nuestra opinión será rechazada casi frontalmente por la mayoría de la gente joven y aceptada  por quienes tienen edad madura, pero estamos convencidos de que nos asiste la razón.
Hace ya bastante tiempo que notamos que muchos adolescentes tienen notorias dificultades para redactar correctamente,  lo que ya nos preocupaba, pero hoy  notamos que este retroceso no se ha quedado en esto, sino que sigue acentuándose, al punto que hoy muchos de ellos no sólo no saben redactar, sino que tampoco saben relatar, hilvanar una frase correctamente y por lo tanto se van aislando de gran parte de quienes viven a su alrededor o bien van aislando a estos  y encerrándose en sus pares generacionales.
Los primeros indicios de este retroceso surgieron cuando se eliminó la escritura manuscrita. Hoy muchos maestros y maestras exigen a los niños que escriban en letra imprenta, porque en realidad ellos no saben hacerlo debidamente en manuscrita y  sus escrituras se vuelven ininteligibles; los maestros tampoco conocen debidamente esta escritura y por lo tanto no la entienden.
Posteriormente fueron ganando terreno términos absolutamente incoherentes, como “está demás”, “salado”, “chica pena” (para significar algo que está mal o es doloroso). Todos términos que directa o indirectamente fuimos aceptando o dejándolos pasar, quizás pensando que serían inofensivos.
Hoy escuchamos estos términos en boca incluso de profesionales universitarios,  el término  más usado seguramente debe ser “salado” o “muy fuerte”.
Pero  lo más grave es la incomunicación que se va generando a partir de esta realidad.
Hoy estamos seguros de que si faltara la computadora o el teclado de los celulares no podrían escribir, sencillamente porque no sabrían cómo hacerlo. Tendríamos una sociedad analfabeta.
La  interrogante que nos planteamos es si seremos capaces de detener a tiempo este atropello al lenguaje, al rico idioma español y su gramática o si terminaremos totalmente incomunicados, como en una moderna torre de Babel, que según los relatos míticos terminó en una enorme confusión lingüístico que obligó al hombre a empezar de nuevo a construir cada pueblo, o pueblos su propio idioma.
¡Esperemos que no lleguemos a este extremo!
Alberto Rodríguez Díaz

Cuando enfocamos este tema sabemos que despertamos muchas reacciones adversas. Es más, seguramente nuestra opinión será rechazada casi frontalmente por la mayoría de la gente joven y aceptada  por quienes tienen edad madura, pero estamos convencidos de que nos asiste la razón.

Hace ya bastante tiempo que notamos que muchos adolescentes tienen notorias dificultades para redactar correctamente,  lo que ya nos preocupaba, pero hoy  notamos que este retroceso no se ha quedado en esto, sino que sigue acentuándose, al punto que hoy muchos de ellos no sólo no saben redactar, sino que tampoco saben relatar, hilvanar una frase correctamente y por lo tanto se van aislando de gran parte de quienes viven a su alrededor o bien van aislando a estos  y encerrándose en sus pares generacionales.

Los primeros indicios de este retroceso surgieron cuando se eliminó la escritura manuscrita. Hoy muchos maestros y maestras exigen a los niños que escriban en letra imprenta, porque en realidad ellos no saben hacerlo debidamente en manuscrita y  sus escrituras se vuelven ininteligibles; los maestros tampoco conocen debidamente esta escritura y por lo tanto no la entienden.

Posteriormente fueron ganando terreno términos absolutamente incoherentes, como “está demás”, “salado”, “chica pena” (para significar algo que está mal o es doloroso). Todos términos que directa o indirectamente fuimos aceptando o dejándolos pasar, quizás pensando que serían inofensivos.

Hoy escuchamos estos términos en boca incluso de profesionales universitarios,  el término  más usado seguramente debe ser “salado” o “muy fuerte”.

Pero  lo más grave es la incomunicación que se va generando a partir de esta realidad.

Hoy estamos seguros de que si faltara la computadora o el teclado de los celulares no podrían escribir, sencillamente porque no sabrían cómo hacerlo. Tendríamos una sociedad analfabeta.

La  interrogante que nos planteamos es si seremos capaces de detener a tiempo este atropello al lenguaje, al rico idioma español y su gramática o si terminaremos totalmente incomunicados, como en una moderna torre de Babel, que según los relatos míticos terminó en una enorme confusión lingüístico que obligó al hombre a empezar de nuevo a construir cada pueblo, o pueblos su propio idioma.

¡Esperemos que no lleguemos a este extremo!

Alberto Rodríguez Díaz







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