El riesgo de gatillo fácil y la preparación de la Policía

La situación planteada en la capital de la República, en un hecho desgraciado en que un productor agropecuario que viajaba con su familia, resultó gravemente herido de una bala perdida de un policía que la emprendió a balazos para capturar a un delincuente que fugaba, merece un análisis profundo.

Surge de la investigación judicial que precisamente este policía “hizo todo lo que no se debe hacer, en estos casos”.

El delincuente iba en fuga, ya no había riesgo de vida para nadie.

El policía lo vio y emprendió la persecución a los balazos en una zona comercial de alto tránsito. Pero además mientras disparaba, con la mano inhábil (es diestro y disparaba con mano izquierda), iba conduciendo.

Efectuó seis disparos, uno de los cuales dio en el pecho al conductor de la camioneta que viajaba con su familia, esposa y dos niños.

Afirmó que comenzó a disparar cuando “oyó” un disparo de arma de fuego. Ninguno de los testigos que declararon sobre el caso escuchó este disparo y el delincuente no portaba arma de fuego.

Otros disparos impactaron en una pizzería cercana que a la hora del hecho se hallaba concurrida.

Como resultado el joven productor agropecuario continúa internado, con la bala en su cuerpo y en estado grave, aunque estable.

Este hecho debe llevarnos necesariamente a revisar detalles en cuanto a la preparación y profesionalización de los efectivos policiales.

Es cierto que la delincuencia ha ganado terreno y peligrosidad, se ha vuelto más violenta y bajo efectos de la droga se muestra decidida a todo.

Ahora bien, esta realidad no puede ser enfrentada con tanta o más violencia que la que manifiestan los delincuentes. El policía debe recibir una preparación profesional adecuada. No admitimos que se prepare “kamikazes” capaces de golpear o incluso disparar “contra todo lo que se mueva”. En algunos casos  lamentablemente también en Salto encontramos ejemplos de esto.

El riesgo del gatillo fácil puede ser tan peligroso como la  propia delincuencia.

Puede ponernos ante estos casos lamentables donde un ciudadano totalmente ajeno al hecho resulta gravemente herido y un policía, que quizás pretendía precisamente amparar a todos los ciudadanos de la acción delictiva, termina procesado sin prisión.

El riesgo de dejarnos llevar por reacciones impulsivas, sobre todo en ocasiones que creemos se trata de casos límite, puede desembocar en hechos más lamentables que el delito inicial.

¡Ojalá sirva para que reflexionemos sobre las raíces de estos hechos”.