El riesgo del escepticismo

En estos días me he encontrado con varios amigos que me han confesado que están desencantados de la política y por lo tanto no quieren saber de nada, ni de personas, ni de posiciones, mucho menos de ideas, de partidos y similares.
Esto es lo que más me asusta, porque conozco lo que ha sucedido en otros países donde la enorme mayoría de los ciudadanos asumen esta posición y las consecuencias siempre han sido desastrosas.
“Si no trabajo nadie me paga”, es una de las frases más frecuentes y utilizadas por los escépticos para justificar su decepción, cuando se les pregunta sobre el tema.
Hay que tener muy claro que cuando un ciudadano deja de asumir su derecho al voto, deja también de cumplir con una responsabilidad y seguro que alguien se aprovechará de esto. Otros decidirán por él, otros conducirán al país a su antojo y serán otros los que mandarán y ordenarán en el país, lamentablemente por lo general según sus intereses espúreos.
El daño que provoca el escepticismo es a menudo poco visible y hasta desconocido, pero resulta tan grande y trascendente que se especula que en aquellos países donde el voto no es obligatorio, precisamente lo que se busca es que sea sólo una mínima parte del colegio electoral la que concurra a cumplir con su obligación del voto.
Aún en el caso que no haya ninguna opción que nos convenza, hay que tener muy claro que el escepticismo de optar por pagar la multa (generalmente las sanciones quedan sin efecto al poco tiempo) por no votar es la peor de las opciones, debido a que estamos dejando que otros tomen las decisiones por nosotros.
La exhortación que hacemos desde estas columnas es a votar, a participar y a expresarse al menos por la opción que consideremos “menos mala”, pero jamás dejar de hacerlo.
Una democracia fuerte y vigorosa depende de la participación ciudadana. Cuando nos gana el escepticismo estamos dejando la puerta abierta, el campo abonado para que se instalen otros sistemas y esto es lo peor que puede pasarnos.
Entendemos perfectamente la decepción de quienes hoy no quieren “ni saber” de política, porque se sienten decepcionados por todos, pero también tenemos muy claro que las cosas pueden ser peores, que hay situaciones más graves y sobre todo, cuando se pierde la posibilidad de votar, de elegir, de expresarnos, en realidad estaremos cayendo al fondo de la cuestión y esto es lo peor que puede pasarnos.
¡No lo olvidemos¡
A.R.D.