El riesgoso camino de la tolerancia sin límites

EDLos intolerantes son un peligro en cualquier sociedad organizada porque suelen caer en extremos que justifican incluso la justicia por mano propia.

Los casos más graves de discriminación y de xenofobia, tienen en su raíz a intolerantes extremos.

Los hemos denunciado en estas columnas y nos hemos plantado frente a estos casos que constituyen una afrenta para la humanidad.

Ahora bien, en el otro extremo de la madeja, los casos de una tolerancia malentendida o exagerada, determina la omisión total de los poderes que tienen por cometido establecer el orden y la ley en cualquier comunidad y puede resultar también gravemente dañinos.

Es el caso de las ocupaciones precisamente. Cuando los gobernantes y poderes públicos en general prefieren «mirar para otro lado», ya sea porque son votantes o porque prefieren evitarse problemas y dejan «que los arreglen otros», entonces se van generando situaciones inadmisibles.

Son situaciones comunes en países vecinos  lamentablemente, sin mayor ruido también las tenemos presentes hoy en nuestro medio, donde terrenos públicos y privados han sido invadidos por familias que con necesidades de vivienda – nadie lo discute – han ocupado esos lugares y luego las dudas de los gobernantes y otros poderes han posibilitado que estos asentamientos se institucionalicen.

Hay en esto dos elementos claves. Ningún gobierno nacional ha sido capaz de ofrecer una salida decente a la falta de vivienda que padecen esos compatriotas.

Debería ser una prioridad absoluta, porque nada peor que dejar que se formen estos asentamientos, totalmente indecorosos como vivienda para cualquier ser humano. Ofrecerles una salida, así sea precaria y con condiciones que les lleven a ganarse el derecho por lo menos a usar una vivienda digna, es elemento imprescindible en el tema.

Ahora bien, el otro elemento que se constituye en este tema, es el del desorden, la precariedad que supone la ocupación de los paseos públicos.

Y que nadie se sienta ofendido por esto, pero también en Salto se han dado estas situaciones básicamente porque quienes tuvieron y tienen la responsabilidad de defender los bienes públicos han estado omisos, se han pasado la pelota unos a otros en cuanto a la responsabilidad y han dejado que el tema crezca.

Sabemos que la posición que sostenemos puede caer antipática, pero que nadie confunda: gobernar no es acceder a todo y sonreir.

¿Se entiende verdad?.