El río: un gigante dormido al que estamos matando

Quienquiera que hay a conocido los arroyos Ceibal y Sauzal de seis o siete décadas atrás, desembocando con sus aguas límpidas en el río Uruguay, no podrá menos que lamentar con tristeza el caldo negruzco en que se han convertido hoy al llegar a sus desembocaduras en el río Uruguay.

Es quizás el principal daño que le hemos estado haciendo al río y aunque haya muchos estudios que afirmen que las aguas tienen una calidad aceptable para los parámetros internacionales, la vista muestra otra cosa.
Seguramente que quienes dedican muchas horas a la pesca en sus aguas, a veces desde el amanecer podrán decirlo con mayor propiedad, pero las posibilidades que ofrece hoy el río son muy diferentes a las que ofrecía aquel curso de agua lleno de peces que conocimos por entonces.
Ver hoy el Club de Pesca convertido en una boite, cuando en los tiempos a los que hacemos referencia tenía actividad diaria de pesca en el río y concursos de pesca permanente, en los que se obtenían destacadas piezas, es un golpe difícil de asumir.
Pero además nuestros mayores pueden incluso recordar el río que da nombre a nuestro país como una vía fluvial rica en posibilidades, que con las embarcaciones adecuadas cubría el transporte desde Salto a Buenos Aires.
No sé cuándo decidimos darle la espalda al río, dicen que cuando apareció el transporte carretero, menos complejo e incluso en aquellos tiempos más barato, pero hoy los costos obligan a repensar las cosas, porque seguramente los costos han cambiado.
Las posibilidades para transformarlo en una vía de tránsito siguen siendo prácticamente las mismas, aunque han aparecido otros intereses y se ha multiplicado la competencia del transporte carretero, quizás más práctico y seguro.
De todas formas, el noble río sigue esperando con sus posibilidades intactas, aunque su uso es tan limitado que pasa casi desapercibido y además cada día volcamos a él muchos contaminantes que van minando su riqueza de fauna y flora.
Hoy escuchamos planes de reflotamiento del cabotaje, bienvenidos sean, aunque hay que saber que los tiempos son otros, pero esto no significa vivir de espaldas al generoso río Uruguay que nos sigue ofreciendo grandes posibilidades de aprovechamiento, mientras nosotros nos limitamos a tomarlo como fuente de energía, algo de esparcimiento y en contrapartida volcamos en él todos nuestros desperdicios.
Ojalá llegue el momento en que volvamos a pensar en las posibilidades que nos ofrece, que nos son pocas.

Alberto Rodríguez Díaz







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