El rol sustancial de Educación Secundaria

Como la enorme mayoría de los temas en nuestro país y máxime aquellos vinculados a la educación, todo lo referente a Educación Secundaria está regido por los mismos vicios.
La educación, rol esencial en cualquier país que aspire a aprovechar lo mejor posible sus propias posibilidades, las aptitudes de sus ciudadanos, en el Uruguay ha estado siempre bajo la lupa.
Cada partido político aspira a arrimar agua para su molino en este sentido y por lo tanto el trasfondo de todo esto es que se procura establecer un sistema que asegure la salida de este nivel tan importante en la educación de las nuevas generaciones, con determinados valores y aptitudes que los “arrimen” más a su ideología, a su forma de pensar, de razonar, que a cualquier otra.
Es el trasfondo no admitido por todos quienes debaten el tema de la educación.
Y en esta disyuntiva se pierde de vista la esencia, que es la formación del joven que luego se manejará en el resto de su vida con los valores o “antivalores” adquiridos.
De allí las grandes discusiones cuando se trata de establecer una reforma, de cambiar o “mejorar” algo (siempre y cuando convenga a nuestros intereses) y de allí también que hasta las cosas elementales, como las reformas edilicias, las adecuaciones de algunos edificios vetustos o incluso la construcción de un nuevo liceo, todas cosas que no afectan el fondo de la cuestión, se demoren años.
Salto no es una isla y por lo tanto esta situación se da también en nuestro departamento, aunque nunca se admite con claridad.
No sólo se viven problemas y dificultades en materia docente, sino que sobre todo en la Universidad del Trabajo (UTU) suele saberse de materias sin docentes hasta avanzado el año, de locales sin suficientes auxiliares administrativas o de mantenimiento.
Sabemos que es en la educación donde primero se notan los cambios generacionales. La educación pública ha sido señalada como una de las responsables de la pérdida de valores, de mala calidad de enseñanza, de desinterés general. Los docentes acusados de estar allí sólo por el sueldo y esta generalización no sólo es errónea, sino injusta. Sigue habiendo buenos docentes y gente preocupada por trasmitir y difundir valores a través de la educación, pero también hay de los otros. La cuestión es saber determinar si son excepciones o es la realidad general.
En estos días previos al inicio del ciclo escolar 2018 la cuestión se replantea. Esperemos que sepamos separar la ideología de las cuestiones prácticas porque en ello vamos todos.
A.R.D. 







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