El sindicato policial

La sindicalización de la Policía tiene sus ventajas y sus desventajas.
No vemos que haya ningún inconveniente en que los policías operen como un cuerpo orgánico a la hora de plantear sus dificultades, sus carencias y sus aspiraciones por supuesto, porque es su derecho poder reclamar las condiciones necesarias para el buen cumplimiento de su deber.
Lo que hay que tener en cuenta para manejar debidamente el tema es que la misma Policía, que es parte de la fuerza de trabajo, es también la que en determinadas situaciones es utilizada para reprimir las manifestaciones y algunas movilizaciones de trabajadores que se desmadran.
En estos casos es cuando las cosas pueden complicarse.
El policía en el cumplimiento de sus funciones está obligado a cumplir órdenes, y aunque no es él quien generalmente las da, es el que tiene que ejecutarlas.
Los trabajadores agremiados obviamente que tienen tendencia a ver en la Policía un elemento represor, lo asocian a esta actitud y no tienen en cuenta que no es de su responsabilidad las órdenes.
En cambio, cuando la dirigencia entiende que existen normas y disposiciones a tener en cuenta aún en ocasión de las movilizaciones de masa y a su vez la dirigencia policial asume que puede y debe encauzar éstas, sin necesidad de reprimir mediante el golpe o la prepotencia, las cosas son normales y aceptables.
La Policía que armoniza con el pueblo y sobre todo con los demás trabajadores sindicalizados puede llegar a recibir el respaldo de éstos y manifestarse con total libertad. Más aún, los reclamos gremiales de la Policía sindicalizada deben ser asumidos y tomados en cuenta como los de cualquier otro trabajador.
Aún cuando los resabios de la dictadura llevan a muchos oficiales a mirar con recelo esta actividad y a entender que no es conveniente la sindicalización, somos partidarios de ésta, cuando se haga con el respeto y las limitaciones propias de la función que le cabe.
Esto es, nadie ignora las consecuencias que puede llegar a tener una huelga de policías, por ejemplo, y una dirigencia madura y consciente debe asumirlo como tal. El derecho de huelga está hoy constituido en la propia Constitución de la República. Su uso consciente y responsable es determinante sobre todo en este caso, lo que no significa que deba prohibírsela.