El sistema electoral uruguayo

Cuando en Brasil el resultado de una elección nacional se sabe pocas horas después y son más de 150 millones de votantes, caso similar a lo que sucede en Argentina, donde también el colegio electoral es de alrededor de 30 millones de ciudadanos y ni que hablar en los Estados Unidos, donde a pocas horas de la elección se conocen los resultados oficiales, nos damos cuenta que en el Uruguay estamos en las antípodas de la cuestión.
Teniendo en cuenta que somos apenas 2,6 millones de ciudadanos habilitados y los resultados del Escrutinio Primario se conocen recién una semana después, podemos darnos cuenta de la distancia que tenemos con la región misma.
No dudamos de las seguridades que confiere el sistema electoral uruguayo, altamente confiable, no pretendemos arriesgar esta, pero sí creemos que es hora de incorporar tecnología para que se pueda ahorrar tiempo en el escrutinio.
Muchos años debieron pasar para que se redujera razonablemente el sistema de votos observados, aunque sigue siendo un número que podría reducirse más aún.
Es seguro que puede simplificarse la elección, quizás perdiendo algo de participación en materia de candidatos, pero se tendría que determinar si esto no redundaría en una agilización del sistema en general.
La proliferación  de listas, algunas de ellas que no alcanzan a reunir 10 votos – en Salto se presentaron 28 – parece inadecuada.
Pero hay además un tema económico de por medio. Se afirma que en esta ocasión se imprimieron 600 millones de papeles, constituyendo para las imprentas un negocio redondo, pero seguramente un costo muy alto para los partidos.
Es un aspecto incomprensible, que si se estableciera el voto electrónico, con las garantías correspondientes, se reduciría casi a cero.
Pero la votación mediante un sistema electrónico redundaría esencialmente en una ganancia de tiempo en materia de escrutinio.
Sabemos que estamos hablando de un sistema que requiere un paso intermedio, una transición, vale decir una adaptación, sobre todo para las personas mayores que no han tenido mayor contacto con una computadora, pero a medida que nuevas generaciones se van incorporando al  padrón electoral, nos vamos acercando también a las condiciones propicias para realizar este cambio.
En algún momento habrá que intentarlo, porque la experiencia está demostrando que el sistema actual podrá dar muchas garantías, pero es obsoleto y costoso.

Cuando en Brasil el resultado de una elección nacional se sabe pocas horas después y son más de 150 millones de votantes, caso similar a lo que sucede en Argentina, donde también el colegio electoral es de alrededor de 30 millones de ciudadanos y ni que hablar en los Estados Unidos, donde a pocas horas de la elección se conocen los resultados oficiales, nos damos cuenta que en el Uruguay estamos en las antípodas de la cuestión.

Teniendo en cuenta que somos apenas 2,6 millones de ciudadanos habilitados y los resultados del Escrutinio Primario se conocen recién una semana después, podemos darnos cuenta de la distancia que tenemos con la región misma.

No dudamos de las seguridades que confiere el sistema electoral uruguayo, altamente confiable, no pretendemos arriesgar esta, pero sí creemos que es hora de incorporar tecnología para que se pueda ahorrar tiempo en el escrutinio.

Muchos años debieron pasar para que se redujera razonablemente el sistema de votos observados, aunque sigue siendo un número que podría reducirse más aún.

Es seguro que puede simplificarse la elección, quizás perdiendo algo de participación en materia de candidatos, pero se tendría que determinar si esto no redundaría en una agilización del sistema en general.

La proliferación  de listas, algunas de ellas que no alcanzan a reunir 10 votos – en Salto se presentaron 28 – parece inadecuada.

Pero hay además un tema económico de por medio. Se afirma que en esta ocasión se imprimieron 600 millones de papeles, constituyendo para las imprentas un negocio redondo, pero seguramente un costo muy alto para los partidos.

Es un aspecto incomprensible, que si se estableciera el voto electrónico, con las garantías correspondientes, se reduciría casi a cero.

Pero la votación mediante un sistema electrónico redundaría esencialmente en una ganancia de tiempo en materia de escrutinio.

Sabemos que estamos hablando de un sistema que requiere un paso intermedio, una transición, vale decir una adaptación, sobre todo para las personas mayores que no han tenido mayor contacto con una computadora, pero a medida que nuevas generaciones se van incorporando al  padrón electoral, nos vamos acercando también a las condiciones propicias para realizar este cambio.

En algún momento habrá que intentarlo, porque la experiencia está demostrando que el sistema actual podrá dar muchas garantías, pero es obsoleto y costoso.