El tema Diyab

Siendo presidente José “Pepe” Mujica en el marco de una política que apuntaba a desinstalar la cárcel de Guantánamo, que Estados Unidos mantiene en funcionamiento, resolvió recibir en nuestro país a cinco de los reclusos que Estados Unidos liberaría. Como contrapartida los Estados Unidos levantarían algunas de las barreras arancelarias, sanitarias y de otro tipo que mantenía y en alguna medida mantiene sobre los productos uruguayos, aunque este acuerdo no fuera “oficial” y ninguno de los dos gobiernos acepta que así fue.
La medida del entonces presidente uruguayo se entendió como un compromiso real y concreto hacia los Estados Unidos a efectos de que pudiera concretar el anunciado cierre de la cárcel de Guantánamo, cuya realidad es hoy cuestionada a todo nivel.
Concretando esta decisión llegaron al país los cinco ex reclusos de Guantánamo, de varios de ellos – no de Diyab –fue posible traer también a sus familiares directos. Algunos se han integrado a la vida en el Uruguay e incluso ya sin necesidad de intérpretes están preparándose en oficios y trabajos que les permitirían mantenerse en el futuro, por sus propios medios, como cualquier otro uruguayo.
Ha sido a nuestro entender una decisión plausible, la adopción de un compromiso concreto que por una parte terminaba con el encarcelamiento, por motivos por lo menos dudosos de estas personas y además les daba a éstos una posibilidad concreta de instalarse lejos de una tierra sumamente conflictiva, como es en estos momentos esta parte del c ontinente asiático.
Así lo entendieron las familias de quienes se están integrando a las actividades del país, pero no fue así en el caso de Jihad Diyab, quien en estos momentos lleva adelante una huelga de hambre que ha puesto su vida en riesgo, exigiendo al gobierno uruguayo que lo envíe de regreso a Siria o a un país cercado a este territorio.
Como bien lo ha explicado el presidente Tabaré Vázquez y el canciller Nin Novoa, el tema trasciende a las posibilidades de Uruguay. Si los países adonde quiere ir Diyab, no aceptan recibirlo, ni Uruguay, ni los Estados Unidos, ni siquiera la ONU puede obligarlos a hacerlo.
Entramos entonces en el tema de las negociaciones, de los acuerdos y de las posibilidades de presionar o influir al menos en la decisión de aquellos. En esto Uruguay tiene también cero posibilidades de hacerlo, no sabemos los demás, pero nuestro “paisito” no tiene mucho para hacer.
Entendemos por lo tanto la acción de Diyab – aunque no la compartimos – y tenemos claro que Uruguay hizo y está haciendo mucho más de lo que corresponde para zanjar el tema, pero en definitiva puede y debe estar muy tranquilo con lo hecho: tratar de darle a Diyab mejores condiciones de vida que las que tenía en Guantánamo.