El terrorismo de Estado, el peor de los terrorismos

Cuando días atrás pudimos ver y escuchar en los noticieros televisivos las diferentes posiciones con respecto al recuerdo de las víctimas del terrorismo de Estado, en el que no se incluían a las personas que murieran en acciones desencadenadas por el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros- como en la denominada Toma de Pando, por ejemplo, sentimos poco menos que vergüenza ajena, por la enorme confusión que se pasaba por alto.
En primer lugar aclaremos que para nosotros las muertes no son todas iguales, pero las de aquellas personas que se matan por “error” o por hallarse en un lugar de riesgo cuando se desata una acción, son tan inocentes como aquellos que mueren sencillamente por el “pecado” de pensar distinto.
Decimos esto, porque para nosotros los inocentes muertos tienen cierta similitud, pero a su vez existe una gran diferencia. Las personas inocentes que fueron asesinadas, (lamentablemente no cabe otro término), por error o vaya a saber que, tienen una gran diferencia con los inocentes asesinados por pensar diferente.
Mientras aquellos se sabe donde están, sus cuerpos fueron entregados a sus familiares y demás, éstos ni siquiera sabemos donde han ido a parar, cómo murieron, en manos de quien y sobre todo, quienes fueron sus asesinos.
Mientras quienes mataron por “error” o no,a algún inocente pagaron su delito con años de cárcel y tormentos.
Quienes ejercieron terrorismo de Estado, en muchos casos aún, siguen libres, nunca estuvieron presos, han tenido y siguen teniendo una situación económica privilegiada en virtud de lo que les paga el Estado, que somos todos.
Vale decir que es muy diferente una cosa de la otra. Aún entendiendo que ambas son delitos, en un caso se pagaron, se conocieron sus culpables y se los condenó.
En los otros casos nada de esto sucedió. Solo un ínfimo puñado de responsables pagó por sus crímenes.
Lo más justo entonces – a nuestro entender – es separar los tantos. No es lo mismo ni se ha tratado de la misma forma. Si se pretende meter todo en la misma bolsa se está cometiendo un grave error. Si lo que se quiere es recordar a las víctimas, reconociendo las diferencias, entonces hablemos de dos monumentos, porque si bien están tan fallecidos unos como los otros, las consecuencias para sus ejecutores han sido y son muy diferentes y esto jamás se puede olvidar.
A.R.D.







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