El trabajo,la llave para una comunidad honesta

Trabajo digno en todo lo que hace a las condiciones que suponen que un trabajo en  condiciones promueve los valores humanos y dignifica a las personas. Digno en cuanto a las condiciones en que se desempeña.
Digno en cuanto al respeto que corresponde del patrón al trabajador y de éste al patrón.
Digno en cuanto a la retribución correspondiente de acuerdo a la tarea cumplida.
En estas premisas descansa gran parte del éxito de una comunidad honesta, justa, solidaria, donde existe un buen relacionamiento y las condiciones de vida adecuadas para disfrutarlas.
En tanto el enemigo del trabajo digno es como siempre “don dinero”. Cuando este aspecto se escapa del control necesario, cuando el patrón pierde de vista las necesidades y las justas condiciones de remuneración que merece el trabajador, comienzan los problemas.
En el otro extremo, cuando se  exigen condiciones o remuneraciones que no están dentro de las posibilidades del rubro o del lucro que produce el trabajo que se desempeña, también estamos en problemas.
En nuestros días el trabajo es, o debería ser,  uno de los temas más preocupantes, no sólo por las condiciones en que se desempeña y el eterno tema salarial, sino también por la necesidad de amalgamar debidamente el imprescindible avance de la  tecnología para que no se transforme en la eliminación de los trabajadores, sino que éstos se sirvan de ella para hacer menos pesada y más eficiente la tarea.
Que la tecnología sustituya al hombre no debería preocuparnos, siempre y cuando no afecte la cabeza del empleador, esto es, no sea una forma de eliminar al trabajador y depositarlo a  un costado sin importarse mas de su situación.
En estas premisas está gran parte de la cuestión. Hoy “don dinero” lo ha contaminado todo.
Quien invierte ya sea en una fábrica, en una producción, en una empresa de servicio, aspira a ganar lo máximo en el menor tiempo posible y uno de los rubros que más “se ajusta” en este concepto es el de los salarios de los trabajadores.
A su vez, en contrapartida, en buena medida los adolescentes y jóvenes – no todos por supuesto –  aspiran a “hacer plata”, cuanto antes mejor y lo malo es que no siempre están dispuestos a invertir tiempo y sacrificio en prepararse debidamente.
Llevada por las premisas que les llegan a través de los poderosos medios de comunicación entienden que esto debe ser “ya”, “ahora”, porque en caso contrario se están perdiendo los falsos “placeres” de la vida.
Esto ha llevado a que muchos de nuestros jóvenes y adolescentes, sobre todo de la clase trabajadora, se sienta frustrada (cuando la realidad les muestra que no existe esta posibilidad) y el ocio les lleva a caminos equivocados, muchas veces irreversibles, como la delincuencia, las drogas y demás.
Celebremos el trabajo, pero sin perder de vista que se trata de un tema en el que deben armonizarse dos intereses, tan legítimos uno como el otro, el del patrono y el del empleado y esto sólo es posible cuando ambos lo asumen con la responsabilidad social que corresponde.
Alberto Rodríguez Díaz

Trabajo digno en todo lo que hace a las condiciones que suponen que un trabajo en  condiciones promueve los valores humanos y dignifica a las personas. Digno en cuanto a las condiciones en que se desempeña.

Digno en cuanto al respeto que corresponde del patrón al trabajador y de éste al patrón.

Digno en cuanto a la retribución correspondiente de acuerdo a la tarea cumplida.

En estas premisas descansa gran parte del éxito de una comunidad honesta, justa, solidaria, donde existe un buen relacionamiento y las condiciones de vida adecuadas para disfrutarlas.

En tanto el enemigo del trabajo digno es como siempre “don dinero”. Cuando este aspecto se escapa del control necesario, cuando el patrón pierde de vista las necesidades y las justas condiciones de remuneración que merece el trabajador, comienzan los problemas.

En el otro extremo, cuando se  exigen condiciones o remuneraciones que no están dentro de las posibilidades del rubro o del lucro que produce el trabajo que se desempeña, también estamos en problemas.

En nuestros días el trabajo es, o debería ser,  uno de los temas más preocupantes, no sólo por las condiciones en que se desempeña y el eterno tema salarial, sino también por la necesidad de amalgamar debidamente el imprescindible avance de la  tecnología para que no se transforme en la eliminación de los trabajadores, sino que éstos se sirvan de ella para hacer menos pesada y más eficiente la tarea.

Que la tecnología sustituya al hombre no debería preocuparnos, siempre y cuando no afecte la cabeza del empleador, esto es, no sea una forma de eliminar al trabajador y depositarlo a  un costado sin importarse mas de su situación.

En estas premisas está gran parte de la cuestión. Hoy “don dinero” lo ha contaminado todo.

Quien invierte ya sea en una fábrica, en una producción, en una empresa de servicio, aspira a ganar lo máximo en el menor tiempo posible y uno de los rubros que más “se ajusta” en este concepto es el de los salarios de los trabajadores.

A su vez, en contrapartida, en buena medida los adolescentes y jóvenes – no todos por supuesto –  aspiran a “hacer plata”, cuanto antes mejor y lo malo es que no siempre están dispuestos a invertir tiempo y sacrificio en prepararse debidamente.

Llevada por las premisas que les llegan a través de los poderosos medios de comunicación entienden que esto debe ser “ya”, “ahora”, porque en caso contrario se están perdiendo los falsos “placeres” de la vida.

Esto ha llevado a que muchos de nuestros jóvenes y adolescentes, sobre todo de la clase trabajadora, se sienta frustrada (cuando la realidad les muestra que no existe esta posibilidad) y el ocio les lleva a caminos equivocados, muchas veces irreversibles, como la delincuencia, las drogas y demás.

Celebremos el trabajo, pero sin perder de vista que se trata de un tema en el que deben armonizarse dos intereses, tan legítimos uno como el otro, el del patrono y el del empleado y esto sólo es posible cuando ambos lo asumen con la responsabilidad social que corresponde.

Alberto Rodríguez Díaz







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