El tráfico de personas: una acción aberrante

Que Salto es  uno de los puntos más usados como pasaje desde y hacia el extranjero, por el narcotráfico y otras formas delictivas, para sus andanzas no es una novedad.
El último operativo policial de Delitos Complejos permitió desbaratar una red de personas dedicadas sencillamente a llevar personas que vienen de países extranjeros a trabajar en Argentina.
Teniendo en cuenta la realidad de Salto a nadie le debe extrañar que se pueda pasar el río con tanta facilidad, dado que no solo es posible -teniendo algún funcionario que mire para otro lado – pasar incluso por el mismo puente de Salto Grande e ingresar al vecino país, sino también por otros lugares. En estas columnas hemos dado cuenta de casos de menores de edad que incluso pasan para asistir a bailes o festivales del otro lado y luego regresan, sin problemas y obviamente sin persona mayor debidamente autorizada a cargo. Pero más fácil aún resulta pasar al otro lado mediante una embarcación que en pocos minutos atraviesa el río.
No es extraño, pero de toda formas resulta aberrante porque supone traficar con la necesidad de otras personas que han dejado su tierra, sus seres queridos, todos sus afectos para intentar salir adelante en tierras extrañas a cualquier precio.
Quien oficia de “pasador” no piensa jamás en el delito que está cometiendo, probablemente por unos pocos pesos se presta para esta tarea, sin tomar conciencia que está cometiendo uno de los peores delitos internacionales, como es el tráfico de personas.
Este fue el tercer caso de este delito que es descubierto en nuestra ciudad, desde centroamericanos hasta asiáticos son llevados a la Argentina mediante una red de personas que cumplen diferentes roles en una organización que los esquilma y muchas veces estas personas terminan siendo esclavos, trabajando por la comida en barracones y más pobres e infelices de lo que llegaron.
Cuando esto escribimos obviamente que no sabemos quiénes son los infelices que se dedicaban a esta tarea, pero nadie puede invocar ignorancia cuando lleva personas indocumentadas y lógicamente que no pasan los controles correspondientes, porque sabe que está cometiendo un delito.
Ahora bien, dada la realidad de convivencia con el contrabando en muchos aspectos, situación que ningún salteño ignora,  sería de ingenuos ignorar que cuando se deja pasar mercadería de contrabando no hay control alguno, lo mismo se pueden pasar prendas de vestir, cigarrillos, como drogas y personas.
Este es el tema de fondo. Aquí lo que están fallando son los controles y nunca que sepamos se ha hecho un estudio serio y responsable de lo qué se requiere para controlar debidamente una frontera tan fácilmente permeable, como la existente con Argentina, donde en pocos minutos se puede pasar el río hacia uno u otro lado.
Es una necesidad que debería de asumirse.

Que Salto es  uno de los puntos más usados como pasaje desde y hacia el extranjero, por el narcotráfico y otras formas delictivas, para sus andanzas no es una novedad.

El último operativo policial de Delitos Complejos permitió desbaratar una red de personas dedicadas sencillamente a llevar personas que vienen de países extranjeros a trabajar en Argentina.

Teniendo en cuenta la realidad de Salto a nadie le debe extrañar que se pueda pasar el río con tanta facilidad, dado que no solo es posible -teniendo algún funcionario que mire para otro lado – pasar incluso por el mismo puente de Salto Grande e ingresar al vecino país, sino también por otros lugares. En estas columnas hemos dado cuenta de casos de menores de edad que incluso pasan para asistir a bailes o festivales del otro lado y luego regresan, sin problemas y obviamente sin persona mayor debidamente autorizada a cargo. Pero más fácil aún resulta pasar al otro lado mediante una embarcación que en pocos minutos atraviesa el río.

No es extraño, pero de toda formas resulta aberrante porque supone traficar con la necesidad de otras personas que han dejado su tierra, sus seres queridos, todos sus afectos para intentar salir adelante en tierras extrañas a cualquier precio.

Quien oficia de “pasador” no piensa jamás en el delito que está cometiendo, probablemente por unos pocos pesos se presta para esta tarea, sin tomar conciencia que está cometiendo uno de los peores delitos internacionales, como es el tráfico de personas.

Este fue el tercer caso de este delito que es descubierto en nuestra ciudad, desde centroamericanos hasta asiáticos son llevados a la Argentina mediante una red de personas que cumplen diferentes roles en una organización que los esquilma y muchas veces estas personas terminan siendo esclavos, trabajando por la comida en barracones y más pobres e infelices de lo que llegaron.

Cuando esto escribimos obviamente que no sabemos quiénes son los infelices que se dedicaban a esta tarea, pero nadie puede invocar ignorancia cuando lleva personas indocumentadas y lógicamente que no pasan los controles correspondientes, porque sabe que está cometiendo un delito.

Ahora bien, dada la realidad de convivencia con el contrabando en muchos aspectos, situación que ningún salteño ignora,  sería de ingenuos ignorar que cuando se deja pasar mercadería de contrabando no hay control alguno, lo mismo se pueden pasar prendas de vestir, cigarrillos, como drogas y personas.

Este es el tema de fondo. Aquí lo que están fallando son los controles y nunca que sepamos se ha hecho un estudio serio y responsable de lo qué se requiere para controlar debidamente una frontera tan fácilmente permeable, como la existente con Argentina, donde en pocos minutos se puede pasar el río hacia uno u otro lado.

Es una necesidad que debería de asumirse.







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