El trato a los menores, uno de los temas más complejos

Desde el momento en que fue dado a conocer, hasta los detalles de cómo fue filmado y luego las opiniones tanto políticas, como jurídicas y de otros organismos e instituciones, el video difundido de un operativo de funcionarios del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (SIRPA), al reprender a dos internos que se hallaban desacatados, se ha vuelto tan viral que hasta ha logrado en alguna medida eclipsar la trascendencia del paro nacional del pasado jueves, uno de los más grandes de los últimos años.
En una lectura mesurada, que trata de ser lo más objetiva posible, digamos que hay varios factores en el tema que no se ven a simple vista y sin embargo inciden notoriamente.
En primer lugar, hay que entender que el tema de los menores infractores divide en partes casi iguales la opinión de los uruguayos, aunque no significa que la validez de argumentos sea la misma. Quienes están a favor de tratarlos con mayor dureza e incluso como mayores de edad, a partir de los 16 años y así lo manifestaron en el reciente plebiscito sobre la iniciativa que pretendía bajar la edad de imputabilidad, son una cifra apenas inferior a los que entienden que no es el camino adecuado si se pretende recuperarlos para la sociedad, como personas de bien, como es nuestro caso.
De todas formas el segundo factor a tener en cuenta es que no estamos hablando de “nenes de pecho”, porque los menores que van al SIRPA, son aquellos que han cometido “faltas” (por no llamarles lisa y llanamente delitos) graves. Los cortes requisados en el lugar dan idea de ello. Esto indica que los funcionarios arriesgan su vida cuando van a tratar con ellos.
Aún así, no admitimos exceso de tipo alguno, sobre todo cuando se trata de operativos contra los menores de edad. Sencillamente porque no aceptamos exceso de tipo alguno.
El funcionario, como el policía es el profesional en su labor y por lo tanto debería de estar debidamente preparado para actuar en estos casos. Nadie ignora la peligrosidad de los menores e incluso siempre se nos ha dicho, “quisiera saber si quienes defienden los derechos “de estos”, lo harían de la misma forma si ellos le hubieran violado o matado a un hijo o un familiar directo…”.
Seguramente que sería muy difícil, pero el desafío es precisamente no dejarse llevar por situaciones personales o puntuales, porque no es cuestión de “cobrar al grito” u obrar impulsivamente llevado por hechos puntuales. La cuestión es hallar la mejor forma para tratar de recuperar hasta el último de los menores que sean recuperables y los que no lo sean, porque también los hay, que sean tratados de acuerdo a la ley, con todo el peso de lo que esta establece, pero sin excesos innecesarios.
Alberto Rodríguez Díaz







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