El tren todavía existe

Los planes del presidente electo en referencia a la posibilidad de reflotar el tren de carga en el país, para que sirva esencialmente a efectos del transporte de la madera, resultan muy interesantes.
En primer lugar porque esta actividad seguramente podría generar mano de obra en el sector no especializado, pero además porque sería una buena forma de preservar el estado de las carreteras nacionales, que como es sabido ya muestran las consecuencias del tránsito de estas cargas para los que no estaba adecuada la red vial nacional y se ha visto afectada por la intensidad del tránsito derivado de la explotación forestal.
En algunos casos, caminos internos, por donde salen los camiones cargados de madera, han sido literalmente “destruidos”, se nos dice.
Se trata al mismo tiempo de una iniciativa interesante a la hora de pensar en la posibilidad de instalar inclusive trenes de pasajeros para trayectos más o menos cortos.
Seguramente no será fácil, sobre todo porque en nuestro país, toda vez que se intentó algo así se chocó con los grandes intereses que se  oponen al reflotamiento del tren, porque hay inversiones y muchísimos intereses depositados en el transporte carretero.
Es también una de las dificultades existentes para que el transporte fluvial pueda afirmarse en las posibilidades de sacar por el río mucha carga que se produce en el Norte del país.
El tren y el transporte fluvial son de los sistemas más ventajosos y seguramente en su reflotamiento está la clave de un importante desarrollo para la región.
No sólo se trata de que sean transportes más baratos, o al  menos no más caros, sino que esencialmente son menos contaminantes y este es un factor esencial para el futuro, no sólo de la zona, del país y de la región, sino del planeta todo.
Uruguay es sólo un puntito en el mapa, pero también es una nación soberana, que puede y debe marcar con sus acciones ambientales un concepto y una línea de acción que demuestre que realmente somos capaces de preocuparnos como corresponde por el ambiente.
Ojalá podamos volver a ver correr los trenes por nuestra región, no para volver al pasado, sino para entender debidamente nuestra responsabilidad con el futuro.