El turismo termal

Reiteradamente hemos tratado de explicar aquí que si bien existen marcadas diferencias con los vecinos del Plata, la honestidad obliga a reconocer que en buena medida seguimos dependiendo de ellos.
Es lo que sucede en materia de turismo y no depende sólo de lo que hagamos en el Uruguay. Somos un país chiquito y muchas actividades, como el turismo, requieren de un mercado más grande.
En varias ocasiones hemos visto pregonar con bombos y platillos la cantidad de entradas vendidas en Termas del Daymán, o en Arapey, batiendo el parche sobre “la cantidad de turistas” que esto supone.
Afirmar esto, es sencillamente de ignorantes. No se puede desconocer que la mayoría de los visitantes a Termas del Daymán, que siempre han tenido que pagar su entrada, son salteños. Familias enteras que van a pasar el día al paraje termal que no es sólo agua caliente, sino vegetación y un entorno privilegiado.
Prueba de ello es la cantidad de personas que a diario se desplazan ya sea en los ómnibus que realizan el traslado hasta allí o en sus propios vehículos, automóviles o incluso motos, cuyo origen denuncian las matrículas.
Ya nadie “se come la pastilla” de que el número de entradas vendidas revela la cantidad de turistas, porque no es así. Si consideramos que es turista quien pernocta en el lugar, quien consume allí, ya sea en un restorán o su propio alojamiento, entonces el número de “turistas” se ve muy reducido.
En todo momento se ha trabajado en pro de Daymán, sobre todo en materia de infraestructura pública y varios organismos han contribuido a que hoy el centro termal tenga un nivel reconocido en la región.
Pero también es cierto que la aparición de las termas argentinas y algunas brasileñas, han reducido las posibilidades de Daymán. Esto unido a las innegables ventajas que ofrece el cambio monetario hoy a favor de Argentina, han inclinado la preferencia popular hacia las termas que se ubican del otro lado del río.
A nuestro entender no hay que alarmarse por esto, porque es una realidad sólo modificable en una ínfima parte, porque la preferencia popular, a similitud de servicios, se volcará siempre hacia donde debe pagar menos.
Los operadores del tema saben de las posibilidades que les ofrece el turismo termal, saben también que muchas veces se lo ha usado políticamente, afirmando lo que no es y sobre todo saben que se trata de un negocio cíclico que depende mucho de otras condiciones bastante distantes a las que están en sus manos.
Así las cosas conviene revelar la película en toda su extensión…
A.R.D.