El verano y nuestros propios desarreglos del clima

Según el calendario hoy 21 de diciembre comienza el verano en nuestro hemisferio. Una época muy importante para países como el Uruguay que obtiene buena parte de las divisas que le permiten financiar servicios y otros bienes que proporciona el Estado, a través del turismo o la explotación de sus playas tan agraciadas por la naturaleza.
Sin embargo nada ni nadie puede olvidarse que los veranos de nuestros días ya nada tienen que ver con aquellos que vivimos décadas atrás cuando los acondicionadores de aire no eran imprescindibles como hoy. Cuando ni se soñaba con la denominada telefonía móvil que hoy predomina y sin discusión es el elemento material más utilizado por los habitantes del planeta.
Nada tenemos contra estos avances tecnológicos, salvo que se hagan o se hayan hecho a costa del deterioro ambiental que tanto daño está causando a la humanidad.
Hoy prevalece la desacreditación de los científicos que desde hace varios años ya vienen alertando sobre los desastres que nos esperan de seguir por este camino.
Felizmente creemos que la humanidad está a tiempo de recapacitar, de usar las mismas tecnologías que hoy se usan desaprensivamente para producir sin reparar en el daño ambiental, con tal de obtener las ganancias económicas que posibiliten que engrosemos nuestros bolsillos.
El verano que antiguamente se caracterizaba por intenso calor, pero se soportaba cuando aúno se conocían los protectores solares, porque tampoco se registraba el enorme daño que se registra hoy por el cáncer de piel.
Llegará el momento en que tendremos que admitir el tremendo daño que hemos causado a la naturaleza. El recalentamiento global no es broma. El hombre en su ambición trata de vivir en la costa, cuanto más cerca del mar mejor y hasta a veces adentro del mar mismo.
Hoy cada vez son más los científicos coinciden en que el nivel del mar irá subiendo paulatinamente, causando desastres naturales y acentuando otros fenómenos. De allí que muchas construcciones que hoy se consideran privilegiadas por su cercanía al mar pasarían a ser de riesgo.
El hecho no parece preocupar demasiado a quienes habitan allí o tienen intereses en estos lugares. Todavía tenemos en nuestra retina la imagen de un papá que cuando el mar comenzó a levantarse en Indonesia corrió al puerto con su pequeño en hombros para ver este “fenómeno”.
Lamentablemente luego se transformó en el primer tsunami que conoció la historia y mucho nos tememos que aquel padre con su hijo se cuente entre las víctimas
La cuestión es que no nos sorprenda. Estamos a tiempo para prevenir muchos daños.
A.R.D.