El verdadero cangrejo escondido

Hoy es habitual que cuando vemos a un niño, casi bebé, “manejando” un celular nos sorprendamos y el comentario que habitualmente nos despierta es “que increíble” las nuevas generaciones “nacen sabiendo manejar las nuevas tecnologías”. Apenas superado el año de vida son capaces de prender y apagar un teléfono móvil, subir y bajar el volumen e incluso cambiar de función.
Ojo: porque sostener esto es precisamente lo que quieren que hagamos quienes están detrás de todo esto y que habitualmente no aparecen.
Nos explicamos. Cuando hablamos de educación siempre se discute sobre la forma, no el fondo. Importa el acceso a las tecnologías y obviamente que esto es importante, pero no es lo más importante.
Aprender a tocar el botón correcto que hace tal o cual cosa, que cumple tal o cual función, no es ni será nunca lo más importante, aunque sea lo más difundido y quien más conoce obtiene de la “masa” un reconocimiento que no le corresponde.
No es precisamente “un genio”, sino sencillamente alguien que se ha informado, ha visto y ha aprendido a usar mejor la herramienta, tal como sucede con los carpinteros, los herreros, los artesanos en general que hay muchos pero siempre alguno se destaca por determinada aptitud.
El desconocimiento de la tecnología nos lleva a esta confusión. Habitualmente confundimos el acceso y el uso de la herramienta con la capacidad para analizarla, estudiarla y entenderla, entender el sistema, saber para qué se usa y por qué cumple tal función…
Se llama capacidad analítica, y esta es un arma que ningún político o casi ninguno quiere que se difunda, por la sencilla razón que si la “masa” aprendiera a analizar y a mirar en cada caso donde puede estar escondido el cangrejo, se vuelve un ciudadano “poco recomendable” para cualquier político improvisado, que siempre esconde algo.
No con esto pretendemos demonizar a todos los políticos. No estamos contra el sistema democrático que seguimos considerando el mejor, sino tratando de corregir algunos defectos que no siempre se visibilizan y atentan decididamente contra la mejor democracia.
El camino que ha abierto el denominado Plan Ceibal, es acertado, ha sido pionero, pero no debe agotarse allí.
Superada la etapa del acceso a la tecnología y la herramienta física, deben necesariamente llegar otras hasta conseguir transformar y preparar debidamente a las futuras generaciones de uruguayos para las próximas décadas, donde la inteligencia artificial y otras posibilidades serán las que dominen, tanto el mundo del trabajo, como el del estudio y sobre todo el del análisis inteligente y adecuado.

A.R.D.