El voto alternativo: una iniciativa interesante

Para evitar una segunda vuelta, y en especial el costo que supone poner en marcha toda la infraestructura electoral nuevamente un mes después de la primera. En algunos países, como en Francia -donde surgió precisamente la segunda vuelta – existe lo que se llama el voto alternativo. Esto es el voto que sólo se contabiliza en caso en que no se logre la mayoría requerida para el triunfo directo en la primera vuelta.

No se puede negar que se trata de una alternativa interesante, al menos desde la óptica del costo que tiene toda la infraestructura de una elección (millones de dólares), que en caso del Uruguay debe duplicarse, debido a que la segunda vuelta requiere prácticamente el mismo costo en materia de infraestructura.

Es mas, no se puede desconocer que un acto eleccionario, ya sea primera o segunda vuelta tiene un enorme costo, no sólo en materia de preparativos, confección de listas, designación de las mesas y demás, sino que también resulta importante el costo que representa para los propios partidos políticos involucrados, esencialmente en materia de publicidad.

Es probable que el denominado voto alternativo no signifique lo mismo, en cuanto al aporte al sistema democrático, que una segunda vuelta separada de la primera en cuanto a tiempo, pero al menos mantiene la forma, es decir cuando el ciudadano es puesto entre dos opciones debe inclinarse por una o sencillamente votar en blanco, pero no dejar de concurrir sin enfrentar sanciones, porque el voto es igualmente obligatorio.

Es una disyuntiva hipotética y seguramente no lo ideal, pero si pretendemos llegar a tener un país austero, donde todo el dinero que se pueda manejar y el que es posible ahorrar, sea destinado a mejorar la calidad de vida, a fomentar el trabajo, iniciativas como esta, deben ser debidamente sopesadas.

En las últimas décadas el sistema electoral ha tenido frecuentes “ballotajes” o segundas vueltas y por lo tanto, sería interesante discutir la posibilidad de instalar el voto alternativo, no para las próximas elecciones, las que han sido programadas y desarrolladas con el sistema tradicional, pero al menos para los comicios siguientes a las que tendremos el mes próximo.

Entendemos que al menos es factible analizar las ventajas y desventajas que supone una iniciativa de este tipo. Seguramente no  faltaran opositores, porque hay intereses muy altos escondidos tras el sistema, pero nada justifica que se malgaste el dinero del pueblo.

ara evitar una segunda vuelta, y en especial el costo que supone poner en marcha toda la infraestructura electoral nuevamente un mes después de la primera. En algunos países, como en Francia -donde surgió precisametne la segunda vuelta – existe lo que se llama el voto alternativo. Esto es el voto que sólo se contabiliza en caso en que no se logre la mayoría requerida para el triunfo directo en la primera vuelta.
No se puede negar que se trata de una alternativa interesante, al menos desde la óptica del costo que tiene toda la infraestructura de una elección (millones de dólares), que en caso del Uruguay debe duplicarse, debido a que la segunda vuelta requiere prácticamente el mismo costo en materia de infraestructura.
Es mas, no se puede desconocer que un acto eleccionario, ya sea primera o segunda vuelta tiene un enorme costo, no sólo en materia de preparativos, confección de listas, designación de las mesas y demás, sino que también resulta importante el costo que representa para los propios partidos políticos involucrados, esencialmente en materia de publicidad.
Es probable que el denominado voto alternativo no signifique lo mismo, en cuanto al aporte al sistema democrático, que una segunda vuelta separada de la primera en cuanto a tiempo, pero al menos mantiene la forma, es decir cuando el ciudadano es puesto entre dos opciones debe inclinarse por una o sencillamente votar en blanco, pero no dejar de concurrir sin enfrentar sanciones, porque el voto es igualmente obligatorio.
Es una disyuntiva hipotética y seguramente no lo ideal, pero si pretendemos llegar a tener un país austero, donde todo el dinero que se pueda manejar y el que es posible ahorrar, sea destinado a mejorar la calidad de vida, a fomentar el trabajo, iniciativas como esta, deben ser debidamente sopesadas.
En las últimas décadas el sistema electoral ha tenido frecuentes “ballotajes” o segundas vueltas y por lo tanto, sería interesante discutir la posibilidad de instalar el voto alternativo, no para las próximas elecciones, las que han sido programadas y desarrolladas con el sistema tradicional, pero al menos para los comicios siguientes a las que tendremos el mes próximo.
Entendemos que al menos es factible analizar las ventajas y desventajas que supone una iniciativa de este tipo. Seguramente no  faltaran opositores, porque hay intereses muy altos escondidos tras el sistema, pero nada justifica que se malgaste el dinero del pueblo.