El voto epistolar

Aún con alguna resistencia, todo parece indicar que finalmente el Parlamento uruguayo habrá de aprobar una iniciativa que restablecerá el voto epistolar. Significa que todos los ciudadanos uruguayos que se hallan en el extranjero podrán votar por correspondencia.
Decimos con alguna resistencia porque así lo indican los votos nacionalistas que se han opuesto en la comisión dedicada a estudiar el tema, aún cuando de todas formas esta posibilidad no se abre para las próximas elecciones, sino para las siguientes, que serán en el 2014.
Nadie ignora que el Partido Nacional no comparte esta iniciativa. Para ello ha argumentado que quienes viven en el extranjero no están informados de lo que aquí sucede, no pueden decidir sobre el lugar donde no están viviendo.
Estos y otros argumentos, para nosotros tan poco convincentes fueron los que se han usado para oponerse a esta propuesta.
Para nosotros, es simplemente vergonzoso que nos opongamos a que los compatriotas que por cualquier motivo hoy residen en el extranjero, puedan votar.
En buena medida les estamos negando su condición de compatriota  los estamos convirtiendo en parias del mundo. No pueden votar –generalmente – en el lugar que residen porque suelen hallar alguna exigencia que se los impide, al menos durante algunos años. A su vez no pueden votar en su patria, si no tienen dinero para trasladarse, con todo lo que esto supone.
No hay derecho a negarles su derecho constitucional, porque no hay ninguna disposición de la carta magna que indique que el que se halla fuera del país pierde la posibilidad de votar. El impedimento se ha impuesto mediante un artilugio, que es el de prohibir el voto por correo, lo que significa que en los hechos no pueda votar.
Quienes están en el extranjero son tan o más uruguayos que nosotros mismos.
Muchas veces sus familias quedan aquí y reciben o han recibido al menos en épocas favorables, aportes económicos que les permiten subsistir o mejorar sus condiciones de vida.
Es muy poca la gente que se ha ido porque ha querido, aunque la hay, pero menos es la que afirma que no quiere volver jamás. Por lo general, quienes se han marchado siguen soñando con volver al “paisito”, así sea para vivir aquí sus últimos años  están en ocasiones mucho más informados y pendientes de lo que aquí ocurre, que nosotros mismos.
De allí que el voto epistolar es una deuda injustificable, lamentablemente se ha politizado a tal punto que todos sabemos que la oposición a esta medida surge del hecho de creer que todos los que se fueron lo hicieron por disconformidad  por lo tanto, ninguno de ellos es votante de los partidos tradicionales.
Este argumento, que no se dice, pero todos sabemos que es el que realmente pesa, no tiene sentido ya hoy, por la sencilla razón de que todos los partidos políticos, incluso la denominada izquierda ha pasado por el gobierno y por lo tanto, la “mística” de probar algo nuevo ya no corre, como estamos seguros que tampoco corre aquello de que todos los que están afuera votan la izquierda.
Aún si así fuera, sería muy mezquino impedirles votar por ello.
A.R.D.







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