El zarpazo del oso que sorprendió a los incautos

Aún antes de asumir el gobierno de los Estados Unidos Donald Trump está recogiendo los frutos de haber mantenido una campaña aferrada a los valores más ortodoxos de la tradición estadounidense y es para nosotros una apreciación personal basada en la producción nacional y su gran mercado.
Trump ha amenazado incluso a su vecino México con levantar un muro para evitar la emigración de los mexicanos hacia los Estados Unidos.
Anunció una férrea política hacia los indocumentados, a quien dijo habrá de deportar de buenas a primera.
Lo mismo les ha dicho a las grandes multinacionales estadounidenses, que han llevado su producción fuera del país, atraídos por los beneficios de los Tratados de Libre Comercio (TLC) que los exoneran de impuestos que tendrían que abonar si su producción estuviera en los Estados Unidos, que o vuelven a instalar sus fábricas o les cobrará igual los impuestos porque dejará sin efecto los TLC.
Esto ha determinado que las principales firmas productoras de vehículos, Ford, Fiat, etc., hayan anunciado su retorno al país con grandes inversiones y la apertura de miles de puestos de trabajo.
Esto tiene por contrapartida la consecuencia de dejar sin trabajo a miles de trabajadores fuera de los Estados Unidos y obviamente crearle graves problemas económicos a estos países que han incorporado a su economía el aporte, por lo menos en mano de obra de estas empresas.
El más perjudicado por todo esto es sin duda México, como país vecino a los EE.UU., pero también todos los latinoamericanos que están radicados en los Estados Unidos, aunque sin documentación.
Lógicamente que esta política tiene dos lecturas. Vista desde dentro de los Estados Unidos, seguramente contará con un gran apoyo, pues todo indica que es muy beneficioso para el país, aporta trabajo, aporta divisas y demás.
Visto desde el extranjero, para aquellos países que incluso han eliminado sus propias producciones para incorporarse al “mundo globalizado”, que lleva a producir donde es más barato, donde se paga menos tanto a los trabajadores como a los países y se puede llevar a vender a los Estados Unidos, es un desastre.
Es lo que llamaríamos el “oso dormido que está detrás de los TLC”, seguramente que no es el camino que seguirían gobiernos como los demócratas de Obama, que honestamente entendemos que promueven una verdadera integración, más justa y más equitativa sin fomentar la pobreza y la miseria de nadie.
Pero lo de Trump es un verdadero “zarpazo” que no puede sorprender más que a los incautos, a quienes han creído que los TLC con las grandes naciones, son la salvación “de por vida”. Seguramente que resultan beneficiosos en su momento, pero también nos vuelven más vulnerables porque su inmediata consecuencia es el desmantelamiento de la producción nacional.
No creemos que las medidas de Trump haya sido fruto de una improvisación, sino de una política a mediano y largo plazo en la que están involucradas incluso las propias multinacionales y seguramente esto recién comienza.
Quizás nos sirva para analizar las cuestiones más a fondo.







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