Elementos preocupantes

Uruguay es un país de viejos, que muestra incluso preocupantes signos de extinción, manifestó recientemente el Presidente de la República al conocer el resultado del reciente Censo Nacional.

No se equivoca Mujica,  el resultado es muy claro. Los uruguayos, que vivimos en el Uruguay al menos, somos cada vez menos.

Este es un elemento preocupante para cualquier nación, porque todo lo que se planifica y lo que se proyecta para el futuro parte de la base de que el país crecerá en población y por supuesto que permanecerá siendo una nación libre e independiente.

Pero la situación que revela el Censo Nacional también puede ser una gran oportunidad para encarrillar y organizar muchos de los elementos que hasta el día de hoy  nos han impedido zafar de un número de pobladores que ha estado estancado en los tres millones de personas.

No se puede ignorar que un país que no avanza en materia de población y sobre todo de población joven está seriamente amenazado de ir anquilosándose, perdiendo posibilidades de superarse y desarrollarse en todos los aspectos.

En el mundo hay muchos ejemplos de pueblitos apartados que poco a poco se han ido quedando vacíos y hoy sólo  puede hallarse en ellos gente anciana, que ha elegido su terruño para vivir sus últimos años.

No queremos que este sea el panorama del  Uruguay de nuestros hijos y nietos.

Esta tierra generosa en recursos naturales, generosa en agua dulce, que nos da la posibilidad incluso de producir tantos alimentos que de tanto en tanto hasta se tiran algunos, porque el mercado no tiene precio, seguramente es apetecida por mucha gente que en el mundo vive en condiciones precarias, precisamente porque la naturaleza no les ha favorecido, como lo ha hecho con nosotros.

El Censo Nacional recién se está terminando. Luego viene la etapa de lectura de sus resultados y seguramente se habrá de buscar explicaciones a la realidad de la situación.

Es importante que el Estado intervenga, para que lo que hoy es visto como una complicación, traer hijos al mundo, cuidarlos, educarlos responsablemente y atenderlos comos se merecen, deje de ser una carga y una complicación y pase a ser una felicidad, como debe ser.

En definitiva, el Estado debe asumir que tiene una responsabilidad concreta y debe aportar  su cuota parte para revertir una situación que se mantiene así desde hace demasiado tiempo.