Eliminar el casco puede ser motivo de análisis

Antes que nada debemos decir que fuimos uno de los más acérrimos defensores de la imposición obligatoria del casco protector para los motonetistas.
Sin embargo hoy y totalmente convencidos de ello, estamos pidiendo que por lo menos revisemos esta medida para determinar si realmente sigue siendo necesaria y oportuna, porque lisa y llanamente entendemos que lo más razonable en las actuales circunstancias es su eliminación.
Nos explicamos. Cuando años atrás se planteó la discusión si casco si o casco no (hace de esto casi tres décadas), no había aparecido el “fenómeno” de los motochorros que hoy atormenta a la sociedad.
Días atrás nos enterábamos que en Montevideo la policía fue alertada que en un barrio había dos heridos de bala. Cuando llegó la policía comprobó que ambos habían sido asesinados. Eran dos jóvenes, uno de 16 años, sin antecedentes penales, que según sus familiares se dirigían a un cumpleaños.
Vecinos del lugar aseguran que fueron baleados por dos personas que llegaron en una moto portando cascos por supuesto.
Este hecho se suma a otros similares, alguien que por defender su moto de un motochorro que intentaba robáserla fue baleado y asesinado y muchos atracos que son cometidos por los denominados “motochorros” que usan el casco como elemento para ocultar su identidad.
En nuestra ciudad cada vez más se dan los arrebatos, consistentes en el ataque para despojar de sus pertenencias a transeúntes, generalmente mujeres o personas de edad avanzada.
En contrapartida, si bien es obvio que el casco salva vidas, también es cierto que lo que más salva no es el casco, sino la prudencia al transitar. Los imprudentes, con casco o sin casco seguramente van a seguir muriendo o quedando con graves secuelas.
No ignoramos que hay casos en que el casco ha salvado la vida de algún motonetista prudente, que es chocado o víctima de la imprudencia de terceros, pero son los menos.
Lamentablemente hoy creemos que es válido determinar qué es peor, si perder la vida en alguna imprudencia que nosotros mismos buscamos, o perderla asesinado por “motochorros”, probablemente sicarios contratados por alguien.
Seguramente que la eliminación del casco o la adecuación de éstos para que no impida identificar a su portador, no solucionará el problema de fondo, el auge de la violencia y la inseguridad que sufre el Uruguay como todos los países conocidos, pero es un elemento a tener en cuenta porque indudablemente es un elemento que está incidiendo fuertemente en favor de la delincuencia.







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