Empujado a la informalidad

Una persona de nuestro conocimiento, llevaba muchos años trabajando como fletero con un pequeño vehículo que ya tenía unos cuantos años, hasta que éste no dio más.

Felizmente para él algunos familiares que estaban en el exterior le tendieron una mano y pudo comprarse un camioncito de un par de décadas atrás.

Consciente que para acceder a ciertos trabajos los clientes le exigen tener todas las formalidades legales al día, pretendió inscribirse ante la Dirección General Impositiva, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) y el Banco de Previsión Social y demás.

Pero he aquí su sorpresa. Allí se le informó que no puede inscribirse como una Pymes, como pretendía, la única opción que tiene de hacerlo, es inscribirse como “Empresa de Transporte Internacional” y pagar, trabaje o no, un impuesto de 8.000 pesos mensuales, nos explicó.

Es más, en el BPS, debe pagar algo así como 1.200 pesos al mes. Como se inscribió un día 28, se le cobra toda la mensualidad, de la misma forma que si lo hubiera hecho el primer día del mes.

Atribulado y sintiéndose totalmente “maniatado” por la situación, reflexiona ¿es justo que teniendo un camioncito para hacer viajes en la región, el departamento y la zona de influencia, tenga que pagar lo mismo que las grandes empresas que por ahí tienen diez o más modernos camiones para el transporte internacional?

No parece razonable. Se trata de alguien que quiere trabajar aquí, donde ha criado a sus hijos, donde trata de darles una educación, donde cree que hay mucho por hacer trabajando con honestidad y sacrificio, pero el Estado no parece pensar de la misma forma.

¿A quien o quienes benefician estas leyes?

¿Por qué se “mata” al pequeño empresario, cuando lo que se pregona a cuatro vientos son los planes para favorecer a las pequeñas y medianas empresas?.

¿No se está de esta forma “empujando” hacia la informalidad?

Sencillamente no es razonable.

Cuando hablamos de seguridad, cuando pedimos que la gente se vuelque al trabajo sano, honesto, beneficioso para él y para la comunidad, debemos tener en cuenta también de qué forma se está contribuyendo a lograr este objetivo.

¿Qué me queda por hacer?, se pregunta nuestro interlocutor…

Honestamente, no supimos darle una respuesta, pero es innegable que si así son las cosas, el propio Estado le ha cortado los brazos…

Alberto Rodríguez Díaz







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