En el “Día de la Mujer”

Cuando mentalmente dábamos forma a la siguiente columna de opinión, quiso el azar que tomáramos un ómnibus urbano conducido por una joven mujer. La conductora se mostró amable a pesar de los 44 grados que marcaba el termómetro del ómnibus ayer al mediodía.
Conste que no soy de los que creen que las mujeres son mejores o más educadas que los hombres en el desempeño de las tareas en general, pero sin duda que hay excepciones, como la que nos ocupa, porque sólo las excepciones, tanto de mujeres como de hombres, son capaces de mantener la educación y la amabilidad en casos como el que relatamos.
Dicho esto a cuenta de la celebración en la presente jornada del “Día de la Mujer”. Honestamente creemos que esto se asienta en un error. En primer lugar, porque una sociedad que se precie de educada, de justa y respetuosa, debe respetar y valorar a todos sus integrantes y todos los días del año.
No sólo las mujeres, sino todas las personas deberían de merecer nuestro respeto y nuestra máxima valoración, porque cada una de estas personas son capaces de aportar a la sociedad su cuota parte. Si no lo hacen o no sienten más que rechazo hacia ella, habrá que buscar las causas que no siempre son las que se ven o las que se valoran. No creemos que la mujer, ni tampoco el hombre sean malos o negativos de por sí. Entendemos que el contexto social en el que se forman tantos unos como otros, influye en forma determinante y por lo tanto debemos de analizar honesta y profundamente cuales son las condiciones que proporcionamos socialmente a estas personas.
No compartimos la visión de que la violencia de género, uno de los males más nefastos de nuestros días, sea causada sólo por los hombres. Entendemos que hay hombres y mujeres malas, probablemente en mayor número aquellos que éstas, producto de una formación machista que lleva ya cientos de años.
Se ha dicho que “detrás de un gran hombres siempre hay una gran mujer” y se cuestiona –a nuestro entender en forma errónea – el término “detrás”, como si el hombre fuera puesto siempre adelante incluso en el mundo intelectual que procura valorar a la mujer.
Con todo respeto entendemos que esto es no ubicarse en el tiempo en que surgió la frase, en cual era el concepto social y sobre todo lo que quiso significar esta frase. En realidad se trató de una gran valoración del rol de la mujer, no como segundona del hombre, sino como complemento y “socia influyente” en las acciones que ejercía este.
Es como entendemos que deben ser los roles. El hombre en el rol propio del género masculino y la mujer en el femenino. Independientemente de esto, las personas, sea cual sea su género, nos merecemos respeto e igualdad de oportunidades. Es lo más justo y equitativo.
A.R.D.