En el Día de la Mujer

En estas columnas hemos expuesto nuestra posición radicalmente opuesta a la definición por parte de la Justicia a la figura de “femicidio” o “feminicidio” cuando entre la víctima de dicha acción y el victimario hubiera habido una vinculación de tipo sexual.
Significa que, de tratarse de un acosador primario, que no tiene vinculación alguna con su víctima, queda fuera de esta tipificación.
Y conviene dejar perfectamente aclarada esta posición. No significa oponerse a la calificación con todo el peso de la ley al delito de violencia de género, es decir cuando un hombre mata a una mujer tras el frustrado intento de someterla a su voluntad. Es decir, tras una prueba del más estricto machismo, el que considera que una mujer es de su “propiedad” y por lo tanto no le reconoce capacidad alguna para tomar sus decisiones, para aceptar o rechazar la voluntad ajena cuando la involucra a ella.
Entendemos que la ley penal actual ya establece suficiente sanción y confiere suficiente gravedad a este tipo de crímenes. Sólo haría falta entonces aplicar la ley en todos sus términos, en todo su rigor y no crear una nueva ley para ello.
La nueva tipificación aprobada por el parlamento nacional no hace otra cosa que dejar afuera y probablemente beneficiar con penas más benévolas a aquellas personas capaces de matar a una mujer sencillamente por no querer acatar su voluntad, o incluso en una reacción enfermiza, como el reciente crimen de la cajera de un supermercado que se puso nerviosa ante el delincuente y no pudo abrir su caja.
Si la idea es dar una señal contundente a los violentos que pretenden someter a una mujer a su voluntad, entonces el camino es errado. En estos casos debe preverse esta situación trabajando a mediano y largo plazo en la educación, única forma de lograr que todos los individuos que integramos una sociedad seamos capaces de respetarnos como personas, sin tener en cuenta el género o la opción sexual de cada uno. Prueba de esta falta de respeto hacia la mujer es lo que algunos hombres siguen considerando su “derecho” a piropear a una mujer y en el argentinísimo término “piropo” entre desde la más pura galantería hasta la grosería más soez.
Se nos dirá que por eso se requieren salidas urgentes y no a mediano y largo plazo, pero que sepamos tampoco en esto hay soluciones “mágicas”
La denominada “violencia doméstica” constituye uno de los mayores problemas de nuestro país, pero a nuestro entender no es dando mayor significación a su vida, sobre la de otras personas, niños o ancianos incluso, que habremos de lograr dominar el problema.
En tanto por más marchas, y manifestaciones y paros que se haga, no creemos que haya avances en el enfrentamiento del tema, como en los hechos está sucediendo.
A.R.D.







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