En el Día de la Policía

Como en toda actividad humana la labor policial está sujeta al concepto que tenga la persona que ejerce dicha acción. En otras palabras, hay policías buenos y malos.
Hay policías corruptos y los hay honestos y leales a su deber.
Los hay corruptibles o capaces de dejarse sobornar aún poniendo en riesgo la vida misma de sus compañeros de labor y hay quienes asumen el compromiso de dar su vida si el deber lo requiere en defensa de la ley y la seguridad ciudadana.
Este 18 de diciembre de 2018 encuentra a la Jefatura de Policía de Salto cubierta de una gran mancha. Es que el robo en el interior de la Jefatura misma, de elementos de prueba de un resonante caso que incluyó allanamientos a personas sospechosas de estar vinculadas al narcotráfico, no se ha podido aclarar. Al menos nada se ha dicho.
Es algo muy difícil de explicar. No creemos que haya muchas personas que puedan acceder a determinadas dependencias policiales y sobre todo a lugares donde se supone se guardan pruebas incriminatorias de interés para la Justicia.
No ignoramos las complejidades que pueda tener el caso. Si alguien está interesado en perjudicar la labor del o de los responsables de una Jefatura de Policía, nada mejor que someterlo a un hecho como el que nos ocupa, en el que el primer responsable es el máximo jerarca policial.
Es más, no creemos que en esto haya responsabilidad directa de las máximas jerarquías policiales, pero resulta obvio que alguien hizo “desaparecer” estas pruebas y probablemente no haya accionado sólo. Esto significa decir que la Policía honesta y bien intencionada y entendemos por ésta a la gran mayoría de la misma, tiene que saber que entre ellos, los policías, se encuentran colegas que en realidad son enemigos, que no vacilan en exponerlos incluso al riesgo de muerte con tal de satisfacer sus propios intereses, por lo general espurios.
Como no nos gustan los eufemismos, llamémoslos con todas las letras: son delincuentes, traidores y enemigos de sus colegas, hay que saberlo, entenderlo y asumirlo, porque este es buena medida uno de los elementos que hacen al problema de la inseguridad que nos rodea.
Mientras se lo siga escondiendo, mientras sigamos barriendo para debajo de la alfombra, tratando de convencernos que no es tanta la inseguridad, es muy poco probable que la situación cambie.
Por nuestra parte, honor a los buenos policías que felizmente siguen siendo la enorme mayoría de quienes ejercen la función, al menos en el interior.
Alberto Rodríguez Díaz