En el Día de Salto Grande: ¡Gracias a ellos!

El primero de Abril debería de ser una fecha emblemática para Salto y el país todo.
Fue el primero de Abril de 1974, que se dio la orden para el inicio oficial de los trabajos de construcción de la represa de Salto Grande.
Los trabajos fueron encomendados a un consorcio ítalo, argentino-uruguayo que dio forma a la Constructora Salto Grande y desde dicha fecha con la llegada de los primeros técnicos comenzó a hacerse realidad un proyecto que había sido soñado casi a principios del siglo anterior y recién se concretaba, tras una larga lucha popular, más de siete décadas después.
La construcción de la represa se hizo en tiempo y forma, alrededor de cuatro años, y su rentabilidad fue tan buena que se pagó mucho antes de lo establecido.
Fueron varios años de esplendor para la zona, no sólo para Salto, porque en la construcción de la represa y las obras paralelas, construcción de viviendas, la nueva ruta, la deforestación del área inundable y otros, trabajaron alrededor de 10 mil personas.
Pero que nadie se equivoque, Salto Grande no fue posible por obra y gracia de la dictadura que por entonces se había apropiado del gobierno nacional, como hemos oído manejar en estos tiempos.
Salto Grande fue fruto de una larga y sacrificada lucha popular encabezada por aquellos visionarios vecinos de la región, que en Salto encabezaron el Dr. Neri Campos Teixeira y Jorge Andrade Ambrosoni, gente con disímiles ideales políticos, religiosos, filosóficos y demás, que sin embargo supo superar estas diferencias para luchar juntos en pos de tan trascendente obra.
A lo sumo, a esta altura el proyecto se había transformado en una obra imprescindible, de innegable necesidad y utilidad, como efectivamente lo demostró la realidad en los más de treinta años posteriores que lleva en funcionamiento la represa. Nada ni nadie podía detenerla por mucho tiempo más.
Como el tiempo va desdibujando la memoria de los pueblos que no valoran debidamente sus raíces, entendimos necesario recordar esta lucha emblemática para ambas naciones, de gente que merece mucho más que un monumento o una estela, merece vivir en el recuerdo imperecedero de salteños y concordienses, porque a su lucha debemos la energía y otros beneficios que hoy tenemos, fruto de la construcción de la represa.
Ni más ni menos.
Alberto Rodríguez Díaz.