En el Día del Aire Puro

Es uno de los casos más paradigmáticos que conocemos. El aire que respiramos y sin el cual no viviríamos, más que unos minutos, es un elemento vital y sin embargo nadie que sepamos repara en este aspecto. Nada más gráfico en este sentido que la máxima muy conocida de que todo aquello que nos es regalado no se valora. Es como si “naturalmente” lo tenemos y no debemos por lo tanto de preocuparnos por protegerlo guardarlo o preservarlo.
Testarudos somos los hombres para entender que el planeta que habitamos es un gran equilibrio y todo lo que hacemos los seres humanos afecta la naturaleza, es decir, afecta este equilibrio y por lo tanto nos pone en riesgo. Tarde o temprano la naturaleza nos pasará factura y los desequilibrios atmosféricos son una muestra de lo que estamos provocando.
Desde 1977 el 15 de noviembre es el Día del Aire Puro, fijado por las Naciones Unidas. Es que hace muchas décadas ya que se sabe que las acciones humanas están degradando a naturaleza cada vez más aceleradamente, a punto tal que los desarreglos climáticos son cada vez mayores, más frecuentes y letales, aunque quienes de alguna manera lo están destruyendo sostengan que “siempre ha sido así” y “son temas cíclicos”.
Los indicios del recalentamiento global son cada vez más evidentes, a punto tal que amenazan con ser irreversibles. El deshielo, la destrucción de la capa de ozono, el avance de los plásticos y los elementos casi indestructibles contenidos en la basura electrónica, están cerrando el círculo paulatinamente.
A menudo escuchamos atribuirle a las naciones ricas toda la responsabilidad de la contaminación y el smog ambiental que amenaza la vida particularmente en las grandes urbes, pero si bien no pretendemos ignorar, ni ocultar esta responsabilidad innegable de las multinacionales con mayor poder incluso que los gobiernos, pero eso no nos exonera de nuestra responsabilidad social. Cada uno de nosotros es en alguna medida responsable de esta situación, por acción u omisión.
Todavía tenemos tiempo de revertir la situación, pero nunca sin tomar conciencia de la gravedad del problema. Todos debemos hacerlo, tanto los grandes intereses, las naciones ricas y más contaminadoras en primer lugar, pero además todos nosotros que en alguna medida también contaminamos.
Como muchos de los problemas que afectan a la humanidad son “invisibles”, porque hay intereses muy grandes en que lo sigan siendo así.
A.R.D.