En el Día del Libro y un gran impulsor

Hoy 26 de Mayo, se celebra el Día del Libro en nuestro país, concomitantemente con el recuerdo de la inauguración de la Biblioteca Nacional, encargada por el Gral. José Gervasio Artigas al presbítero Dámaso Antonio Larrañaga.
Es que el jefe de los Orientales consideraba que la cultura en el país debía ser esencial y de allí que nos haya dejado un santo y seña inolvidable “Sean los Orientales tan ilustrados como valientes”.
En este sentido queremos hoy subrayar un aporte silencioso, de “perfil bajo” y casi sin que nadie lo supiera. Es la tarea efectuada por don Lorenzo Martínez Izquierdo (que ya no está entre nosotros), en representación de la Asociación Española que cada 26 de mayo procedía llevar libros a escuelas rurales y otras instituciones.
Y nos referimos en forma personal a Martínez Izquierdo, porque conocemos que esta actividad se cumplía esencialmente por su esfuerzo personal, obviamente contando con el respaldo de la institución que representaba.
Seguramente que la posibilidad de un futuro mejor al actual, de la difusión de valores y la recuperación de muchos de ellos, está relacionada a los valores atesorados en los libros.
El libro es por esencia la columna vertebral de la palabra escrita que puede presentarse de diversas maneras. Es más, hoy las nuevas tecnologías de la comunicación nos presentan diversos soportes, del mundo digital, pero el libro de papel es hasta hoy insustituible, porque nada ha logrado eclipsar sus muchas virtudes.
No hay conocimiento que no se haya registrado en un libro para su permanencia, porque nada más permanente que éste. Incluso los diarios y las revistas que comparten el privilegio de atesorar la palabra escrita, tienen en cambio una vida más efímera. Su “reinado”, salvo excepciones, es sólo de algunos días o a lo máximo de meses, sin embargo hoy tenemos libros de cientos de años.
El libro es el encargado de atesorar lo más destacado de las obras de escritores, poetas y novelistas, además del conocimiento en general.
El libro comparte además la responsabilidad de calificar a cada obra. Sólo los más requeridos y los de mayor demanda, que a la postre son reconocidos como los mejores, logran permanecer vigentes en el tiempo.
Son los libros, los capaces de hacer destacados y hasta famosos a nivel internacional a algunos escritores y poetas y en cambio relega al ostracismo y la ignorancia a aquellos libros cuya demanda va condenándolos al olvido.
Hoy más que nunca tiene vigencia para nosotros una de las tantas frases que hemos leído y que hace referencia a los logros que se consideraba debían fundamentar la acción humana: plantar un árbol, engendrar un hijo y escribir un libro.
Sin duda pura sabiduría.
Alberto Rodríguez Díaz