En el Día del Maestro

Signo de los tiempos la figura del Maestro uruguayo también ha sufrido fuertes cambios. Cambios que le ha impuesto la propia sociedad y cambios que han resultado del hecho de que hasta años atrás era la única “carrera” que una mujer o un varón, podía estudiar a nivel local.
Esto sin descartar que existen casos en mayor o menor grado de maestros que se preocupan únicamente por la retribución salarial, aspecto que no desconocemos y cuya lucha compartimos, pero que en ningún momento debe ocupar el centro de su actividad.
Recordamos hoy una máxima existente en aquellos tiempos, en que se afirmaba que el matrimonio ideal era una maestra desposada con un bancario y en varios casos se dio así.
De todas formas esto no impidió que surgieran grandes representantes del magisterio nacional, gente que se abocó al magisterio por vocación y gente que dejó su huella marcada a fuego en las generaciones en que les tuvo al frente en la escuela.
Es más, hoy existen muchos casos, diríamos que la mayoría de los maestros que muestran una gran vocación, verdadera dedicación a la educación de los niños que le son confiados.
Por supuesto que hay excepciones, como las hay en cualquier profesión o cualquier otra actividad humana, pero esto no eclipsa la labor de los maestros, considerados estos en forma genérica.
Otros eran los tiempos en que la figura del Maestro era tan respetada como la de los padres. Hoy ni una ni otra goza del mismo respeto. El Maestro, en quien los padres confiaban para la formación de sus hijos, después de ellos mismos y los padres que refrendaban casi automáticamente todo lo que hacía o exigía el maestro.
Estos tiempos han pasado y sin desconocer que el Maestro sigue teniendo una gran incidencia en la formación de la persona, nadie puede ignorar que ya no es lo mismo y no se trata de ser simples espectadores frente a esta situación, sino que necesariamente los padres tenemos la mayor responsabilidad en la formación de nuestros hijos, tarea que incluye obviamente el diálogo permanente con los maestros.
Esta labor en la que tenemos a los maestros como principales colaboradores, no puede ser desconocida. Los casos frecuentes de agresión a maestros, generalmente mujeres, son realmente inadmisibles y reflejan lo enferma que está la sociedad toda.
Antes eran otros los valores, quizás exagerados. Quizás inflexibles al tiempo que no concedían derecho alguno al educando, cosa que hoy es muy diferente, pero evidentemente mejor a la situación que tenemos hoy, donde frecuentemente se termina ante la Justicia.
Nadie mejor que el Maestro para atender y entender al niño y a ellos, a los buenos maestros nuestro mayor reconocimiento.
A.R.D.