En el Día del Periodista

El 23 de octubre de 1815 José Artigas envió un oficio al Cabildo de Montevideo apoyando la publicación de Mateo Vidal -“Prospecto Oriental”- que calificó como una “herramienta fundamental” y exhortando a los cabildantes a promover la libertad de prensa en el territorio nacional . Este acto motivó a los legisladores para el establecimiento del “Día del Periodista” el 23 de octubre de cada año por Ley 16.154. (Presidencia.gub)
Mañana se habrá de celebrar en nuestro país el Día del Periodista. Sería ocioso reiterar nuestra opinión, tantas veces publicada en estas columnas con respecto a los días “de”.
En resumidas cuentas, no vemos que esté mal el tomar un día del año para agasajar a quien se desempeña en una tarea, un servicio, un trabajo o una profesión específica.
En lo que tenemos nuestros reparos es en la comercialización que se hace muchas veces de estos días, no porque sea ilegítimo hacerlo, sino porque a nuestro entender termina desvirtuando el objetivo esencial que llevó a establecerlos.
Somos reacios por naturaleza a este tipo de reconocimientos, dado que entendemos que el periodista que cumple cabalmente su función tiene su mayor reconocimiento en el respeto y la valoración de su labor por parte de la comunidad en todo momento.
Entendemos que el periodista no debe ser “amigo” de ninguna autoridad, desde el momento que ésta sea considerada una fuente de información.
Es necesario tener muy clara la diferencia.
Una fuente de información no es un amigo, la amistad no es compatible con el periodismo, si éste realmente cumple la función que debe cumplir, de informar con veracidad, sin manipular la información según de donde provenga y según a quién pretenda “proteger” o “hundir”.
Que el periodista puede tener amigos, no tenemos dudas, lo que no debe hacer es confundir las cosas. Un amigo no es una fuente, es decir no sirve como fuente, dado que directa o indirectamente siempre trataremos de protegerlo y a la inversa, una fuente nunca puede ser un amigo, porque la profesión exige mantener cierta equidistancia de una fuente informativa, porque en algún momento, el ejercicio de la profesión puede ser contraproducente incluso para esa fuente.
Lamentablemente no siempre se maneja este concepto en la comunidad. Nos atrevemos a decir que la enorme mayoría de las autoridades, políticos, empresarios y demás, tiene la convicción de que “un buen periodista”, es aquel que no nos “complica”, que no nos hace preguntas comprometedoras o hurga con profundidad en los temas.
Le exigimos, pedimos indirectamente que profundice cuando esta profundización nos sirve, o nos beneficia por algún interés particular, ya sea político o no. En cambio cuando nos toca a nosotros, preferimos siempre que el periodista de alguna manera sea “amigo”, manejable, influenciable.
Este concepto, explícito o implícito en realidad le hace un flaco favor al periodismo porque está bastante alejado del periodismo comprometido precisamente.

El 23 de octubre de 1815 José Artigas envió un oficio al Cabildo de Montevideo apoyando la publicación de Mateo Vidal -“Prospecto Oriental”- que calificó como una “herramienta fundamental” y exhortando a los cabildantes a promover la libertad de prensa en el territorio nacional . Este acto motivó a los legisladores para el establecimiento del “Día del Periodista” el 23 de octubre de cada año por Ley 16.154. (Presidencia.gub)

Mañana se habrá de celebrar en nuestro país el Día del Periodista. Sería ocioso reiterar nuestra opinión, tantas veces publicada en estas columnas con respecto a los días “de”.

En resumidas cuentas, no vemos que esté mal el tomar un día del año para agasajar a quien se desempeña en una tarea, un servicio, un trabajo o una profesión específica.

En lo que tenemos nuestros reparos es en la comercialización que se hace muchas veces de estos días, no porque sea ilegítimo hacerlo, sino porque a nuestro entender termina desvirtuando el objetivo esencial que llevó a establecerlos.

Somos reacios por naturaleza a este tipo de reconocimientos, dado que entendemos que el periodista que cumple cabalmente su función tiene su mayor reconocimiento en el respeto y la valoración de su labor por parte de la comunidad en todo momento.

Entendemos que el periodista no debe ser “amigo” de ninguna autoridad, desde el momento que ésta sea considerada una fuente de información.

Es necesario tener muy clara la diferencia.

Una fuente de información no es un amigo, la amistad no es compatible con el periodismo, si éste realmente cumple la función que debe cumplir, de informar con veracidad, sin manipular la información según de donde provenga y según a quién pretenda “proteger” o “hundir”.

Que el periodista puede tener amigos, no tenemos dudas, lo que no debe hacer es confundir las cosas. Un amigo no es una fuente, es decir no sirve como fuente, dado que directa o indirectamente siempre trataremos de protegerlo y a la inversa, una fuente nunca puede ser un amigo, porque la profesión exige mantener cierta equidistancia de una fuente informativa, porque en algún momento, el ejercicio de la profesión puede ser contraproducente incluso para esa fuente.

Lamentablemente no siempre se maneja este concepto en la comunidad. Nos atrevemos a decir que la enorme mayoría de las autoridades, políticos, empresarios y demás, tiene la convicción de que “un buen periodista”, es aquel que no nos “complica”, que no nos hace preguntas comprometedoras o hurga con profundidad en los temas.

Le exigimos, pedimos indirectamente que profundice cuando esta profundización nos sirve, o nos beneficia por algún interés particular, ya sea político o no. En cambio cuando nos toca a nosotros, preferimos siempre que el periodista de alguna manera sea “amigo”, manejable, influenciable.

Este concepto, explícito o implícito en realidad le hace un flaco favor al periodismo porque está bastante alejado del periodismo comprometido precisamente.







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