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En el ojo de la tormenta

Desde luego que nadie puede o podría al menos mantenerse al margen e indiferente frente a la situación de inseguridad que en los últimos días parece apuntar contra la policía uniformada.
No por considerar a los uniformados como diferentes a la población civil, ni tampoco porque se considera que cumplen un servicio de mayor riesgo, sino sencillamente porque para enfrentar a los delincuentes que en los últimos tiempos han demostrado haber aprendido de otros lugares a obrar sin escrúpulos, sin código alguno y por lo tanto matan sin reparar absolutamente en nada, se impone proteger y amparar a quienes tienen por misión combatir la delincuencia.
En estos días llegó a nuestros oídos lo sucedido en Montevideo a un estudiante salteño. Sucedió que los delincuentes que estaban al tanto de la rutina del joven, estaban esperando que llegara a su casa y cuando lo hizo lo encañonaron y obligaron a entrar con ellos.
No obstante con desvalijarle la casa y llevarse todo lo que hallaron a mano obligaron al joven a tomar casi un frasco de pastillas, antidepresivas, que el joven consumía periódicamente, una por día.
El resultado pudo ser mortal. Felizmente no lo fue, pero esto da la pauta de cómo se maneja la delincuencia en nuestros días. Ya no se contenta con robar, sino que el objetivo es además dañar y hacerse de “fama” en el mundo delictivo por su maldad.
Es lo mismo que sucede cuando nos enteramos que una y otra vez se roba, rompe y destruye en centros CAIf, en escuela, en clubes de baby fútbol. Vale decir hay algo más que la aspiración de robar y hacerse con los bienes que tienen otros.
Esto lógicamente que mueve al odio, al rencor y la “vendetta”, una situación que obviamente no queremos en nuestro país, pero que está mucho más cerca de lo que pensamos.
Esto indica que más allá de que nos guste o no, existen en estos momentos motivos muchos más profundos de lo que vemos a simple vista, de lo que manejamos llevados por impulsos o reacciones lógicas, pero “en caliente”.
No tenemos duda alguna que todo delito debe pagarse frente a la sociedad y hoy el delito mira en especial a los menores de edad, porque sabe que tienen un régimen especial de sanciones, más “blandas”, menos rigurosas, que los mayores de edad y están formados en la misma temática del “hacé la tuya”.
En esto no puede haber dos lecturas y por lo tanto se impone aunar esfuerzos, entre todos, para entender que se trata de un tema complejo, que no tiene soluciones simples y por lo tanto, se trata de hallar la mejor salida entre legisladores, Poder Judicial, Poder Legislativo y Poder Ejecutivo, para analizar el tema en toda su dimensión.
A.R.D.